Las lluvias del fin de semana llegaron para recordarnos la alta vulnerabilidad de la capital hondureña, azotada por una sequía que la tiene al borde de quedarse sin agua en sus represas, y las inundaciones y deslaves registradas en varias calles y avenidas de la ciudad.
Aunque las alertas por la sequía se mantienen ya que los volúmenes de agua caídos en las últimas horas no son suficientes para recuperar los niveles de las represas que abastecen de agua a la ciudad, sí quedó en evidencia que las pocas horas de lluvia fueron suficientes para causar problemas en la circulación vehicular, por un lado, y en la inundación de viviendas, por el otro.
Las lluvias expusieron -una vez más- uno de los principales problemas que golpea a la capital: la acumulación de basura en las vías públicas y las cuencas de ríos y quebradas.
El alcalde Juan Diego Zelaya señaló que alrededor del 90 % de los problemas detectados en cunetas, quebradas y tragantes estuvieron relacionados con obstrucciones causadas por basura.
El llamado es a la ciudadanía para que coopere a disponer la basura en los sitios correspondientes.
Las condiciones climáticas llevaron a las autoridades municipales a suspender las celebraciones que por el 448 aniversario de la ciudad se habían programado para la presente semana, entre ellos conciertos con cantantes internacionales.
En las condiciones actuales, el verdadero festejo que hoy necesita la capital es uno de compromiso colectivo: limpiar sus tragantes, cuidar sus fuentes de agua y evitar que la historia de inundaciones y desabastecimiento se repita año tras año.
Ese sería el mejor regalo que podríamos dar a nuestra ciudad en su aniversario. En nuestras manos está impulsar tales cambios.