Un drama, una pesadilla. Doloroso. No hay palabras para describir la angustia que se vive en varias regiones del país, pero principalmente miles de pobladores del valle de Sula, en la región norte, por la crecida de los ríos Ulúa y Chamelecón que se salieron de sus cauces e inundaron sus viviendas la noche del miércoles, y que ante la amenaza de una nueva crecida, se vieron obligados a evacuar lo que quedaba en pie de sus viviendas. Los miembros de los cuerpos de socorro con el apoyo de personal civil no se daban abasto para atender las llamadas de auxilio de quienes estaban atrapados y clamaban por ser llevados a un sitio seguro en el cual salvaguardar sus vidas.
Sectores como La Planeta, Villanueva, Chamelecón, La Lima, El Progreso y Santa Cruz de Yojoa fueron de los más golpeados por esta nueva tragedia. Ahí, muchas personas estaban en los techos de sus viviendas esperando ser asistidos. “Lo que hoy sucede acá ni cuando el Mitch se miró”, dijo un socorrista. “Estamos reviviendo lo que vivimos en el Fifí y el Mitch”, comentó por su parte un hombre de la tercera edad residente en La Lima, que tuvo la suerte de evacuar su vivienda horas antes de que el agua la cubriera por completo. “Salvamos la vida, nuestro patrimonio de años lo destruyó el agua”, comentó entre lágrimas.
Eta nos recordó que somos el tercer o cuatro país más vulnerable del mundo al cambio climático, y que muy poco hemos hecho en el tiempo para minimizar los daños que se sufren cuando eventos de esta naturaleza nos golpean de manera inmisericorde.
Pero no es tiempo de quejarse, sino de actuar. Lo primero es atender las órdenes de las autoridades y los cuerpos de socorro para evacuar las zonas de peligro y salvar la vida.
Ya habrá tiempo para evaluar los daños y diseñar las políticas de atención a la población damnificada y para la reactivación económica. No será fácil, pero los y las hondureños nos levantaremos como lo hemos hecho en el pasado reciente