No es una noticia agradable. El Gobierno de Estados Unidos incluyó a Honduras en la lista de los Principales Países de Tránsito o Producción Ilícita de Drogas para el Año Fiscal 2027.
Si bien el informe aclara que la inclusión de un país no refleja necesariamente los esfuerzos actuales de su gobierno contra el narcotráfico ni su coordinación con la Casa Blanca, sí representa un severo llamado de alerta para que las autoridades locales redoblen el combate contra las estructuras criminales dedicadas a estas actividades.
“No nos sorprende porque se ha manejado históricamente en nuestra región; estamos todos los países del istmo centroamericano y somos un punto intermedio de la ruta marítima, aérea y terrestre entre los productores de Sudamérica y los consumidores de Norteamérica”, declaró sobre el tema el ministro de Seguridad hondureño, Gerson Velásquez. Y no deja de tener razón.
Es justo reconocer que las autoridades han intensificado la lucha contra los cárteles y que son frecuentes los informes sobre la destrucción de sembradíos y laboratorios. Sin embargo, figurar nuevamente en esta nómina debe funcionar como un verdadero campanazo para profundizar la estrategia. Ese es el gran desafío. De lo contrario, seguiremos siendo terreno fértil para la delincuencia organizada.
No podemos, como país, resignarnos a aceptar que, solo por nuestra posición geográfica, estamos condenados a ser eternamente el puente de la droga entre el sur y el norte del continente, ni podemos ignorar las devastadoras consecuencias sociales y económicas que este flagelo deja a su paso.
Así que la meta debe ser la de trabajar decididamente para demostrar que la voluntad y las instituciones del Estado hondureño son infinitamente más fuertes que las ambiciones del crimen organizado.