La escasez de agua en Tegucigalpa es cada día más severa. Los racionamientos del servicio tienden a agudizarse si las lluvias no llegan en las próximas semanas y los niveles de las represas siguen bajando, informan las autoridades.
El problema se agrava por las fallas en el sistema de distribución, que pierde cerca del 40 % del agua que ingresa debido al deterioro de las tuberías. Hasta ahora, la distribución de agua a los capitalinos es de una vez cada siete o nueve días, pero este ciclo podría ampliarse a doce o más días.
Los más afectados son los pobladores de las zonas altas de la ciudad, quienes, al no estar conectados a la red de distribución, se ven obligados a comprar el agua a distribuidores que la comercializan a precios exorbitantes.
Las autoridades anuncian la apertura de pozos para abastecer algunos sectores de la ciudad, en su afán de paliar la crisis.
Mientras llegan las lluvias, la principal responsabilidad de los ciudadanos es el ahorro.
Al mismo tiempo, la crisis actual debe servir para que las autoridades definan claramente políticas de atención a la problemática a mediano y largo plazo.
Como lo expusimos en este mismo espacio hace unos días: el agua es un derecho humano fundamental, no una mercancía de ocasión ni un favor político. La crisis en Tegucigalpa no se resolverá mágicamente cuando caigan las primeras lluvias; estas solo darán una tregua temporal a un problema sistémico.
Es importante la construcción de la represa San José, pero con eso no basta. Es momento de que las autoridades asuman una planificación seria que incluya mayores inversiones, protección de las cuencas hidrográficas y, un aspecto que no debe dejarse de lado, una gestión transparente de los recursos entre muchas otras acciones. Sin duda, queda mucho por hacer.