Editorial

El diálogo debe continuar

América Central vivió en la década de los años setenta y ochenta del siglo pasado una de las épocas más duras de su historia. Gobiernos dictatoriales, autoritarios, gobernaban en unos países; gobiernos dizque democráticos en otros.

La guerra fría estaba en su mejor momento. También la lucha geopolítica entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El resultado: miles de muertos, desaparecidos políticos, violaciones a los derechos humanos, migraciones masivas, pobreza por doquier. Para entonces, no se percibía cómo la región saldría de esa situación, pero hombres visionarios emprendieron un largo y tortuoso proceso de diálogo y negociaciones que concluyó con un plan de paz que dejó como principal lección que es posible alcanzar acuerdos aún cuando en la mesa de negociaciones estén sentados líderes con posiciones radicalmente opuestas.

Ese es un mensaje que la clase política hondureña debe retomar hoy que por las razones que sean no han logrado acuerdos mínimos en un proceso de diálogo que busca poner fin a las diferencias políticas que tienen al país sumido en una de sus peores crisis, y que amenaza con profundizar el flagelo de la pobreza que ya afecta al 64% de su población. Fueron diez meses de negociaciones. Diez meses en los que se lograron 169 acuerdos; 169 acuerdos que no deben ser lanzados al cesto de la basura, porque son acuerdos sobre temas sensibles, temas que han generado la crisis que ahora se busca superar. Por eso, esos 169 acuerdos deben ser recogidos por quien corresponda para convertirlos en leyes, en políticas públicas, en programas que coadyuven al desarrollo del país. Y en aquellos temas que aún hay desacuerdos, quienes se autodenominan líderes deben hacer un alto y reflexionar en el daño que le hacen al país con posiciones intransigentes, que bien pueden resolver si van a una mesa, se sientan frente a frente, se dicen lo que se tienen que decir, pero se levantan con la frente en alto, a anunciar al país que, como personas civilizadas y en un diálogo en el que ha primado el bien general, han decidido emprender las reformas que se necesitan para fortalecer su democracia, y con ello sentar las bases del desarrollo.