Opinión

¿Cuántos hondureños más morirán, Presidente?

Cuántos hondureños más morirán a manos de la despótica criminalidad para que el presidente Porfirio Lobo Sosa decrete emergencia en los aparatos de seguridad que prácticamente fracasaron en su gobierno que prometió mano dura contra la delincuencia.

Ya nadie confía en el inútil “puño firme” de Lobo, al grado que su propio amigo y actual director de la Oficina de Bienes Incautados, Humberto Palacios Moya, vaticinó que el crimen del fiscal de la Unidad contra el Lavado de Activos, Orlan Chávez, quedará impune, como casi todos. Aprovechando el año político, Juan Orlando Hernández Alvarado, candidato presidencial oficialista, desbordó ofreciendo protección a jueces y fiscales, cuando él y su familia están forrados de otro Estado Mayor Conjunto.

Olvidó Hernández Alvarado ni nadie le tintineó, que durante la presente administración la criminalidad arrebató la vida a más de 22 mil personas, de acuerdo con estudios del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Si algo resalta esta jefatura es estar plagada de pudor. El todavía secretario de Seguridad, Pompeyo Bonilla, pidió perdón por inoperante pero dijo irse con la “frente en alto”. Tal vez por tenerla en la cima pasó desapercibido de la barbarie en que vivimos.

Y mientras el mandatario Lobo le deseaba “éxito” al discutido presidente venezolano Nicolás Maduro, los sicarios mataban al fiscal Orlan Chávez. Abrigamos esperanza de que algún día Lobo bajará del avión presidencial o del helicóptero de la milicia para no soslayar ni rebatir la realidad.

Qué cuita para nosotros tener un jefe de Estado que anhela victoria para su homólogo y, acá, sin madurez no lo veremos feliz, como irradia en el extranjero, de entregar con orgullo la banda presidencial. Pagando periodistas ningún gobierno oculta apenadas escenas.