La propuesta china de construir una comunidad con destino compartido para la humanidad ha sido presentada por Beijing como una visión política orientada a responder a los grandes desafíos globales mediante la cooperación, el beneficio mutuo y el fortalecimiento del multilateralismo. En este marco, su relación con lo que históricamente se conoce como la Ruta de la Seda adquiere especial relevancia, ya que la actual iniciativa de la Franja y la Ruta retoma ese referente histórico para proyectarlo como una estrategia contemporánea de conectividad internacional. De acuerdo con documentos oficiales chinos, ambas ideas quedaron vinculadas desde 2013, cuando la visión de una comunidad de futuro compartido comenzó a desarrollarse al mismo tiempo que la propuesta de crear la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda del siglo XXI. Así, mientras el concepto de comunidad con destino compartido funciona como fundamento político y discursivo, la Franja y la Ruta aparece como su expresión práctica en materia de infraestructura, comercio, inversiones e intercambio entre pueblos.
La idea de una comunidad con destino compartido para la humanidad guarda una relación directa con los cinco principios de coexistencia pacífica, considerados la base histórica de la política exterior china: respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial, no agresión, no injerencia en los asuntos internos, igualdad y beneficio mutuo, y coexistencia pacífica. Desde la perspectiva oficial de China, esta propuesta contemporánea retoma y actualiza esos principios al plantear que, en un mundo interdependiente, las relaciones entre los Estados deben regirse por el respeto recíproco y la búsqueda de un desarrollo común.
Los países que han logrado su crecimiento en materia económica tienen sus intereses y es natural que busquen potenciarse, pero esos intereses no deben subordinar y dominar por medio de la violencia, guerras, ocupaciones, aranceles y bloqueos a otras naciones, esto, con el tiempo, lo que hace es debilitar su propio desarrollo y provocar un debilitamiento que genera inestabilidad y amenazas globales.
La base original del desarrollo chino no tiene nada que ver con experiencias de otras naciones, que lograron crecer por medios no convencionales abundante riqueza de naciones y territorios pobres. China empezó su desarrollo gracias a factores endógenos con una amplia política de reformas y aperturas implementadas bajo el liderazgo de Deng Xiaoping. Un modelo pragmático que combinó el control político con mecanismos de mercado y propiedad privada. La clave fue la premisa de unir mercado y Estado, cuestión que solo se pudo lograr con una profunda determinación y disciplina para que ninguno de los factores puestos en juego se impusiera, lo que podría generar distorsiones en la lógica de crecimiento con bienestar. Ni mucho Estado ni mucho mercado, se trata de un equilibrio dinámico donde el control estatal y las fuerzas del mercado se complementan constantemente.