Columnistas

Tiempos e imperios

Dice Mario Posas en el libro “Frustraciones, aspiraciones y desafíos” que “en la semana santa de 1931 el Arzobispo Agustín Hombach, de nacionalidad alemana, denunció la penetración del ‘mortífero virus del comunismo’ en Honduras, al tiempo que señalaba que circulaban libros marxistas y que el comunismo se enseñaba públicamente en la Escuela Nocturna de la Sociedad Cultura Femenina, cuyas socias ‘son hijas legítimas del bolchevismo’ ”.

Antes de esa época el fantasma apocalíptico fue el fascismo de Mussolini y Hitler, y antes de ellos el anarquismo que acabó con la vida del archiduque Fernando e inició la primera guerra mundial, y previo habían sido la reforma luterana, jansenismo y calvinismo, cuanto se opusiera a la corrupción vaticana, y en siglos predecesores (I a III) los árabes y turcos musulmanes que conquistaran Jerusalén y que dieran pie a las Cruzadas, y en épocas de Cristo los paganos enemigos de Roma, y así… ad infinitum… Imperios, reinos y poderes están siempre enfrentándose —inventando enemigos que los justifiquen— ya que su negocio es la guerra, su pasión arrancarle los bienes a los demás, su doctrina la inmoralidad.

Hoy resulta que los miles de migrantes huidos al norte con sacrificio y riesgo de vida, y cuyos recursos exportados sostienen la economía nacional, son peligrosos para EUA según las cantilenas del presidente Donald Trump.

Lo cual no debía extrañar, el gobierno norteamericano es un modelo casi perfecto de oscilación entre la derecha conservadora y la liberalidad, hoy ganan unos, mañana otros, y pareciera que al pueblo lo complace esa inestable báscula, por la que vota emocionalmente cada cuatro años.

En décadas pasadas fue Carter y luego Reagan, tras el sol la noche; más delante Clinton y los Bush, Obama y Trump, de zapato a caite, de apagafuegos a fogón. Y así continuará pues uno de los pueblos más alienados de la tierra es el estadounidense. Lo cual tampoco puede extrañar, es su propio proceso.

Lo que sí llega a escandaloso es la conducta de los gobiernos del calificado triángulo norte. Cual buenos cómplices han consentido en levantar terribles barreras militares desde Amapala a Tijuana, simuladas bajo el villano pretexto de una alianza para la prosperidad y en cuyo corazón operativo traiciona a los latinoamericanos México, que es la tercera barrera después de Honduras y Guatemala.

Se las disimula y maquilla con el pretexto de combatir al narcotráfico y el terrorismo pero es mentira, su propósito es contener a los migrantes, particularmente niños que viajan sin compañía y que en 2015 ascendieron a 60,000 “mojados”.

Y estos mismos gobernantes cínicos vuelan a Washington para implorar se conceda a esos maquiladores de divisas, que son los migrantes, un nuevo permiso temporal de residencia y trabajo, humillante contradicción.

En tanto que exportan mano de obra que no pueden absorber, las élites ístmicas ruegan que se les deje allá, donde generan divisas, lo cual no es sino doble cadena de explotación: de aquí se les exilia por ausencia de oportunidades, de allá se evita que retornen pues producen mucho más a distancia.

O sea, en síntesis, el ser humano como máquina y mercancía, cual llano objeto fabricante y laboral.

Ahora resulta que son los jóvenes los nuevos enemigos, pues se insiste en criminalizarlos y reducirles la edad punible; peor, incrementarles las penas por delito. Falta poco para que los tilden de terroristas o narcos, quizás narcoterroristas, con lo que el imperio habrá inventado un nuevo rival y habrá forzado a nuestros pueblos a seguir su voluntad.

Los tiempos cambian, los imperios no…