Subir la TPM ayuda, pero no resuelve la inflación

El reto ahora es encontrar el equilibrio: controlar las expectativas de inflación sin enfriar innecesariamente la economía”

  • Actualizado: 22 de septiembre de 2026 a las 00:00

El Banco Central de Honduras decidió elevar en 25 puntos básicos la Tasa de Política Monetaria (TPM), de 5.75% a 6.00%. La decisión ocurre cuando la inflación interanual alcanzó 6.2% en agosto, por encima del rango de tolerancia del BCH. Es una señal monetaria importante, pero debe analizarse tanto por sus beneficios como por sus costos.

El argumento preventivo tiene fundamento. Una TPM más alta contribuye a contener expectativas inflacionarias, administrar la liquidez, moderar el crédito y reducir presiones sobre el tipo de cambio. También preserva un diferencial positivo respecto de Estados Unidos, criterio que el propio BCH ha considerado relevante para disminuir riesgos de arbitraje financiero y proteger las reservas internacionales.

Además, existe ahora un cambio internacional importante. La Reserva Federal aumentó su tasa en 25 puntos básicos, situándola en un rango de 3.75%-4.00%, ante una inflación que continúa elevada. Honduras, por tanto, se mueve en la misma dirección, aunque eso no significa que deba seguir automáticamente cada decisión de la Fed.

Aquí está el punto central: la inflación hondureña actual tiene un fuerte componente de oferta. Según el comunicado del BCH, mientras la inflación general llegó a 6.2%, la inflación núcleo sin alimentos y energía bajó de 3.0% en enero a 2.3% en agosto. En contraste, alimentos y energía registraron fuertes aumentos asociados al petróleo, factores externos y efectos climáticos.

La TPM puede evitar que esos incrementos se propaguen al resto de los precios, pero una tasa de interés más alta no produce alimentos, no genera lluvia ni reduce el precio internacional del petróleo.

Si el endurecimiento monetario continúa, puede trasladarse gradualmente hacia mayores tasas activas, encareciendo el crédito para empresas, MIPYMES y consumidores. Esto podría moderar inversión y consumo precisamente cuando la economía necesita fortalecer su capacidad productiva.

Por eso, el incremento a 6% puede entenderse como una medida prudencial; lo que no debería convertirse es en una política automática de seguir aumentando la TPM simplemente para acompañar a Estados Unidos.

Antes de cualquier nuevo incremento, el BCH debería evaluar públicamente cinco indicadores: inflación núcleo, expectativas inflacionarias, comportamiento del crédito privado, tipo de cambio y evolución de alimentos y energía.

Honduras dispone además de una posición de reservas considerable; ya en abril el BCH reportaba US$11,345 millones en RIN. Eso proporciona un margen que también debe incorporarse al análisis.

El reto ahora es encontrar el equilibrio: controlar las expectativas de inflación sin enfriar innecesariamente la economía. La estabilidad monetaria es indispensable, pero no debe lograrse a costa del crédito, la inversión y el crecimiento. Y frente a una inflación principalmente de oferta, la TPM necesita ser acompañada por políticas concretas de producción, energía, logística y abastecimiento.

El BCH debe explicar con claridad cuál es su ruta: qué inflación espera, hasta dónde está dispuesto a llevar la TPM y bajo qué indicadores decidirá mantenerla, subirla o comenzar a reducirla. La economía necesita estabilidad, pero también previsibilidad.

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