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¿Somos realmente independientes?

En 1821 cuando las provincias bajo la Capitanía General de Guatemala decidieron independizarse de España, algunos dudaban estar listos para la vida independiente. El lema “Dios, unión, libertad” estaba lejos de llevarse al terreno de la práctica.

El principal obstáculo era la ignorancia de la mayoría criolla e indígena. Luego la desorganización que imperaba en las provincias y la falta de comunicación entre ellas.

Basta con recordar que el Acta de Independencia se firmó el 15 de septiembre, pero la copia llegó a Comayagua, capital de Honduras, hasta el 28 del mismo mes.

La unión de Centroamérica era un mito y pronto surgieron en cada provincia líderes que rechazaban el gobierno de Guatemala.

Unos pocos visionarios como Francisco Morazán lucharon contra la corriente por mantener unidas las provincias, hecho que culminó con su fusilamiento en
Costa Rica.

España dejó un vacío de poder que pronto fue aprovechado por otros imperios como la Gran Bretaña, que se apoderó de las Islas de la Bahía y de Belice. Estados Unidos con sus grandes extensiones bananeras en la costa norte de Honduras y los filibusteros como William Walker en Trujillo.

A lo largo de los siglos XIX y XX, varios visionarios como Morazán han tratado de restablecer la Unión Centroamericana, pero todos
han fracasado.

El último de ellos, Vinicio Cerezo de Guatemala, logró la aceptación del Parlamento Centroamericano, en el cual había diputados de las cinco naciones, pero dicho Parlamento se convirtió en un elefante blanco ya que sus decisiones no eran vinculantes.

Lo único que sí ha dado resultado es el Mercado Común Centroamericano y la apertura de las fronteras para el libre paso de mercaderías.

Solo Costa Rica se ha mostrado un tanto reacia a
su aceptación.

Actualmente hay una base militar norteamericana en Comayagua y la embajadora de Estados Unidos es la que mueve los hilos para dar el visto bueno al Presidente de Honduras directamente o por medio de la OEA.

Un famoso presidente dijo, claro, en broma: “Hagamos la guerra a Estados Unidos para que nos conquisten y nos hagan una provincia como Puerto Rico”. La élite gobernante está carcomida por la corrupción, mientras la población se muere por falta de empleo, comida y de medicinas.

Claramente, falta mucho para que Honduras y todo Centroamérica sea realmente independiente y eso se logrará con el restablecimiento del sueño de Morazán, quien dijo en su testamento: “Declaro que mi amor a Centroamérica muere conmigo”