Columnistas

Sentido común

Las hecatombes son complejas y demandan enormes decisiones que no son forzosamente complejas. Las respuestas sencillas son, dentro de una crisis, más constructivas ya que se fundamentan en un principio humanista y elemental: salvar vidas. Así que no se ocupa nombrar extensas comisiones que piensen qué hacer sino que sean capaces y aptas para controlar el deterioro y restablecer equilibrios. Y que igual posean imaginación pues el defecto más turbio en la gente de pensamiento burócrata es que no logra salirse de los esquemas, sea teóricos o repetidos, de ocasiones previas. Y si a ello se añade que son corruptos, que ni dios les perdone su ineficiencia, maldad y rigidez.

Llega la pandemia a Honduras y se suspende de raíz el servicio educativo. Y allí acabó, allí murió, aunque ahora buscan redimirlo alegando que se cumplió mucha parte del pensum programado, que es mentira. ¿Qué sugería el sentido común? Lo que hicieron otros pocos Estados: obligar y, o, contratar a todas las radioemisoras y televisoras del país a que, conforme un plan técnico elaborado por expertos, contribuyeran a impartir a diario las asignaturas de primaria y secundaria lo menos tres horas al día, de siete a diez de la mañana. Clases obligatorias de 35 minutos empezando lunes con matemáticas, español, sociales, plásticas; martes con ciencias naturales, música, idioma extranjero, orientación; miércoles con… y así y luego proseguir con los tres años de ciclo básico. La tv estaría reservada para cursos superiores de secundaria, bajo esquema similar. A esta hora tendríamos graduados.

Pero hubo miedo de incomodar a las empresas de comunicación a pesar de que la patria sucumbía bajo dos hecatombes, la sanitaria y luego la ciclónica. Cobardes, miserables, ineptos.

Tras la ladronada en Invest, y luego de inundarse el valle de Sula ¿qué costaba a Copeco comprar diez mil metros de lona para entregarla a los damnificados que penan en la medianía de carreteras? O mejor, ignorantes, ¿por qué no hospedar a esa humanidad desvalida en los cien hoteles vacíos que exhibe en este momento la región, medida que aportaría ingreso a sus dueños? Alquilar pensiones y hoteles e incluso comprar, ejemplo, el Sula, que cerró este mes y que tiene disponibilidad para albergar 117 familias con absolutamente toda la comodidad moderna… “Ay no, que la chusma lo va a destruir”. Para eso, morones, se instituye y nombra comisiones de disciplina, policías al medio, encargadas de reglamentar el hospedaje y proteger las instalaciones. Cuando al hondureño le dictan pero igual le imponen la práctica de las reglas, se vuelve uno de los más educados del planeta.

¿Y qué decir de la mediocridad oficializada de los servidores públicos, presidente para abajo, que tiran a la atmósfera de la comunidad internacional pedidos de ayuda imprecisos? ¿Por qué no especificar con exactitud: canadienses, dónennos láminas y clavos para techo; messieurs galos, su benevolencia en equipos médicos, por favor; Frau Merkel, diez camiones anfibios, sólo eso; dos helicópteros Agusta EH101 de salvamento, don Boris Johnson; míster Trump, tiendas de campaña para esta y sucesivas emergencias.

¿Qué haremos, Cristo, con estos salvajes, en cuál cruz de ladrones los sacrificamos?