Columnistas

¿Seguimos escolarizando?

Quiero reflexionar sobre los sistemas anacrónicos de educación. Por años nos han vendido la Escuela como modelo de educación. Hoy la Escuela del siglo XXI posee estructuras y prácticas que se consideran obsoletas y anacrónicas porque no responden a las necesidades actuales de la población. En el proceso de formación, a todos nos quieren medir de la misma manera. En la Universidad, nos dicen que un objetivo es medible, cuantificable y observable, y es probablemente de aquí que surgen las calificaciones, como la regla perfecta para medir los objetivos y paralelamente medir al individuo. La lógica siempre es comparar, el sujeto y su aprendizaje, ¿frente a una escala estandarizada que mide qué? Cada individuo es único, singular e irrepetible, y por lo tanto, no debemos buscar que un número determine la calidad de persona. En la época que se implementó la Escuela moderna como modelo educativo, el modelo de producción industrial en cadena de montaje era perfecto para encajar en la Escuela. En ese momento, y podemos decir que a la fecha, todavía la educación de un niño es comparable a la manufactura de un producto, por lo tanto, se piensa que el niño requiere una serie de pasos determinados en un orden específico. Después del origen de la Escuela, hemos y seguimos construyendo nuestras escuelas a imagen y semejanza de las prisiones y las fábricas, priorizando el cumplimiento de las reglas, el control social. El modelo tradicional de aula de clases, con sillas separadas por filas y el profesor en frente a los alumnos, desde un atril, es un ejemplo de ello, claro está que esto no favorece el dinamismo necesario para la educación del siglo XXI. El sistema educativo, como está estructurado, está pensado para grupos homogéneos, para que Juan y Pedro aprendan lo mismo. Así como está planteado, es un sistema de exclusión social, porque solo selecciona a un grupo de personas que pueden llegar a la Universidad y en seguida ocupan los puestos élites de las empresas que dominan los sistemas de producción. ¿Y el resto que no puede ingresar a la Universidad? ¿Cuál es la opción que le da el Estado? En Honduras, únicamente entre 15-20% de los jóvenes que finalizan educación media tienen la oportunidad de ingresar al sistema de educación superior, y el 80% restante se queda sin ninguna oportunidad para realizar sus sueños. Ante este escenario, los tomadores de decisiones y gestores de la educación ¿qué están haciendo por ellos?