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Sablazo a las finanzas de la UNAH

Recientemente las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) hicieron denuncia de la constitución de un sindicato, el Sindicato de Docentes de la UNAH (Sidunah), quien busca, sin contar con la voluntad expresa de los trabajadores docentes, la representación de estos.

En la solicitud de acreditación del nuevo sindicato, se agregaba la petición de hacer la deducción del 1% del salario de todos los trabajadores docentes en concepto de aportación, siendo una organización constituida por apenas 186 trabajadores.

Al solicitarles que se documentara dicha petición con la autorización de cada docente de la deducción salarial, el representante legal, antes de responder por el pedido, procedió a interponer recurso de amparo, recurso que fue otorgado por la flamante Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, ordenando el reconocimiento del sindicato y el traslado de las cuotas sindicales.

En este sentido, el Decreto Ley Número 30 emitido en 1973 señala que “En las empresas en que se encuentre vigente un contrato colectivo, los trabajadores no sindicalizados que reciban en forma directa beneficios de esta pagarán al sindicato que hubiese concertado el contrato, una suma igual a la cuota ordinaria con que contribuyeron los afiliados a la organización”. Este no es el caso de Sidunah. Todas las negociaciones de carácter económico entre la patronal y sus trabajadores se han firmado con el Sitraunah.

A la fecha, todos esos trámites, que más pareciera una acción programada para generar derrama de dinero fácil, han generado una deuda de la UNAH de unos 80 millones de lempiras, por esa deuda ya existe un embargo a las cuentas de la institución y que amenazan a la misma a hacer recortes de recursos destinados a propósitos académicos, todo para complacer una acción de un origen muy dudoso y que debería llamar la atención de toda la comunidad universitaria y de la sociedad en general.

Al no tener asidero legal el Sidunah, existe la sospecha que son otras motivaciones las que priman en su formación, son propósitos aviesos que pueden ser el inicio de un mayor debilitamiento de la institucionalidad y de las finanzas de la universidad.

Las formas de extraerle recursos al sector público no tienen límites, esta práctica tiene diferentes rostros. Hay funcionarios públicos que se parecen a aquellos seres vivos que por su propia naturaleza de sobrevivencia se devoran entre ellos mismos. Hace algún tiempo, existía la creencia que ganarle un juicio al Estado era muy difícil.

Era el Estado, donde sus funcionarios se constituían en protectores y celosos guardianes de los bienes públicos. Ahora, muchos servidores estatales se han convertido en tramitadores de favores y venta de servicios públicos en beneficio propio y de particulares.

Entregarle recursos al Sidunah por deducciones sindicales, sin solicitar la autorización de los trabajadores, equivale a entregar dinero sin recibo de pago, el que lo hace, asume la responsabilidad. Se espera de las autoridades universitarias el mejor esfuerzo para evitar ese sablazo.