Renovación

La reforma electoral urgente, desde hace largo tiempo, no puede circunscribirse al campo administrativo. Debe contener disposiciones coercitivas que aseguren la transparencia y la rendición de cuentas, la ética y la trayectoria de quienes aspiren a dirigir la nación.

  • Actualizado: 17 de julio de 2026 a las 15:16

La novatez o la experiencia no son determinantes a la hora de que la escogencia se haga práctica al ejercer el poder y evidenciar quién se es. Pero en Honduras, lo que se necesita es una profunda reingeniería de sus partidos políticos, especialmente de aquellos llamados tradicionales. Es irrelevante cambiar rostros si las bases deciden favorecer el oportunismo y la ambición personal por encima del interés nacional, o si permiten su manipulación. Un partido político debe ser escuela de ciudadanía, espacio para formar líderes con principios, visión y vocación de servicio. No un vehículo para satisfacer egos descomunales o un atajo para acceder al poder. Así se empobrecen las finanzas nacionales, se erosiona la confianza y el pueblo pasa a creer que la política es equivalente a la corrupción.

La reforma electoral urgente, desde hace largo tiempo, no puede circunscribirse al campo administrativo. Debe contener disposiciones coercitivas que aseguren la transparencia y la rendición de cuentas, la ética y la trayectoria de quienes aspiren a dirigir la nación.No hay forma de conocer a fondo las intenciones de los candidatos y su entorno, pero sí existen alertas de tendencias a la corrupción, a los conflictos de interés y a la ambición desmedida, incompatibles con quienes deben ser ejemplo de corrección. La ingenuidad en política es muy costosa, sean candidatos o solo votantes.

La integridad de un candidato no se acredita con propaganda. Estamos agotados. Solo con coherencia, transparencia y servicio se puede mostrar idoneidad para el servicio público. Y sí, los partidos políticos, en su reingeniería y con reformas electorales integrales, deben asegurarlo. Nuestro país requiere ciudadanos exigentes y partidos políticos renovados. La urgente reforma electoral no es suficiente: la ciudadanía tiene que pararse y blindarse también de la manipulación. El voto es un acto de responsabilidad y confianza, no un acto de fe. Hay que exigir la renovación de los partidos políticos y su real institucionalización.

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