He seguido con mucho interés las elecciones generales que tuvieron lugar el domingo pasado en Honduras para sacar algunas reflexiones y conclusiones de cómo se realizaron y su comparación con su vecina Nicaragua.
En primer lugar, llama la atención el nivel de civismo y la participación masiva del pueblo hondureño, así como la transparencia del proceso electoral realizado con una amplia observación electoral entre la que destaca la misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la actitud imparcial del Consejo Nacional Electoral (CNE) que ha dado resultados oficiales que no favorecen para nada a la candidata Rixi Moncada, del partido de Gobierno LIBRE, que es un claro perdedor en este proceso electoral. Un caso impensable para la dictadura familiar de Nicaragua.
Al momento de redactar este artículo la mañana del pasado miércoles 3 de noviembre, con el 78.58% de las actas escrutadas, el CNE anunciaba que el candidato del Partido Liberal Salvador Nasralla con 1,018,320 votos 40.34% ya superaba por 18,879 votos, al candidato del Partido Nacional Nasry Asfura con 999,441 votos con el 39.58%. Por su parte, Rixi Moncada, la candidata oficialista obtenía 480,203 votos un distante tercer lugar con 19.02%, una situación inimaginable en la vecina Nicaragua, donde en las últimas “elecciones” celebradas en noviembre del 2021, todos los precandidatos estaban en la cárcel.
Ante una contienda tan cerrada, la Presidente del CNE, Ana Paola Hall, ha pedido “guardar la calma, tener paciencia y esperar que el CNE contabilice todas las actas y que posteriormente se realice un proceso de escrutinio especial para así finalizar el escrutinio general”, recodando que la ley establece un plazo de 30 días para la proclamación de ganadores.
El conteo y la divulgación oficial de los resultados preliminares ha avanzado muy lentamente, pero no se han producido alteraciones del orden público y el CNE ha permitido el acceso público al conteo a los medios de comunicación para abonar a la transparencia del proceso.
Medios de comunicación como La Prensa de honduras actualizaban los resultados en línea.
Llama la atención, que a pesar del estrecho margen en unas elecciones muy reñidas, ninguno de los dos contendientes principales se ha apresurado a proclamar victoria, mientras esperan pacientemente que el CNE dé a conocer los resultados finales al escrutar el 100% de las actas. O sea, que en Honduras se respeta la imparcialidad del juez electoral, que evidentemente no está condicionada al partido de gobierno, ni ha pretendido favorecerle con resultados fraudulentos como fue el caso de Maduro en Venezuela en julio del año pasado.
Una conclusión evidente es que el pueblo hondureño ha votado masivamente por un viraje hacia la derecha. Ya está cansado de la retórica izquierdista, entre los dos partidos de derecha suman un 80% de los votos, un rechazo a la estafa del socialismo del Siglo XXI. Los aliados de Ortega y Maduro, que van quedando cada vez más aislados en América.
Chile, Ecuador, San Vicente y Granadinas, Bolivia, Argentina son los más recientes ejemplos de la bancarrota del “socialismo del siglo XXI” en nuestra América, y todavía faltan los procesos electorales a desarrollarse en Colombia y Brasil el próximo año donde se prevé también un giro hacia la derecha.
Independientemente de quien gane las elecciones en Honduras, ya hay un claro perdedor y dos claros ganadores: perdió la izquierda y el partido “Libertad y Refundación” (Libre) de Honduras y ganó un escalón más en su devenir democrático, el pueblo hondureño y la democracia continental.
En tan solo un fin de semana, Ortega y Maduro perdieron dos estrechos aliados: Ralph Gonsalves en San Vicente y las Granadinas del Partido de Unidad Laborista (ULP) y Xiomara Castro del Partido Libre de Honduras.
El proceso electoral de Honduras viene a demostrar sin lugar a dudas que a pesar de ser países vecinos que comparten una larga frontera de 950 kilómetros, Nicaragua está muy lejos de Honduras en términos de democracia representativa. Lo que ha ocurrido en Honduras el pasado fin de semana es impensable en la Nicaragua actual, pero quizás los vientos de democracia y cambio soplen de norte a sur y de sur a norte en un futuro próximo.
*El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, expreso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue Co director de La Prensa de 1981 a 1984.