Mujer hondureña: fuerza que sostiene la vida

Cada 24 de enero, Honduras conmemora el Día de la Mujer Hondureña, una fecha que invita a detenernos y reconocer la presencia esencial de las mujeres en la vida familiar

  • Actualizado: 22 de enero de 2026 a las 00:00

Cada 24 de enero, Honduras conmemora el Día de la Mujer Hondureña, una fecha que invita a detenernos y reconocer la presencia esencial de las mujeres en la vida familiar, comunitaria y social del país. No se trata únicamente de celebrar, sino de honrar la fuerza cotidiana con la que miles de mujeres sostienen la esperanza, aun en medio de la dificultad.

La mujer hondureña ha aprendido a construir desde la escasez, a cuidar en contextos adversos y a avanzar incluso cuando el camino parece incierto. Su aporte no siempre es visible ni reconocido, pero resulta indispensable. Está en el hogar y en el campo, en la escuela y en el mercado, en la comunidad y en los espacios donde se toman decisiones. Su labor, muchas veces silenciosa, mantiene en pie a familias enteras y da continuidad a la vida.Inspirado en Proverbios 31, una antigua reflexión que honra la fortaleza, la sabiduría y la dignidad de la mujer, este poema está dirigido a todas las mujeres hondureñas, sin distinción: a las que trabajan dentro y fuera del hogar, a las que crían, enseñan, siembran, lideran, acompañan, resisten y sueñan. A las visibles y a las invisibles.

Mujer que sostiene

¿Quién puede medir el valor de la mujer que se levanta antes que el Sol y se acuesta cuando el cansancio pesa más que las palabras? Su fuerza no se mide en aplausos, pero sostiene la vida. En sus manos, el alimento se vuelve arte: el fogón es memoria, la cocina es lenguaje, y cada plato compartido es una forma de amor que nutre el cuerpo y el espíritu.

Su belleza no es superficial ni frágil: es raíz y es historia. Vive en la armonía de sus curvas, en la seguridad de su andar, en la naturalidad con que habita su cuerpo. Su cabello oscuro y ondulado cae como río antiguo, libre y fuerte; su piel, diversa en tonos, guarda el Sol del Caribe, la montaña, la tierra fértil y el mar. En su mirada hay profundidad, coraje y ternura; en su sonrisa, descanso; en su danza, identidad viva que se expresa sin pedir permiso. Su perfume es el de la vida misma: trabajo, fuego, agua, flor y hogar.

No necesita alzar la voz para marcar el rumbo. Su firmeza habita en la constancia, en la decisión de no rendirse, en la capacidad de amar aun cuando ha conocido el dolor. La mujer hondureña ha hecho del límite un impulso y de la dificultad una lección.

Que este día sea una oportunidad para honrar su trabajo, celebrar su aporte y reconocer la historia que cada mujer lleva en su vida. Que su fuerza, su dedicación y su amor sean un premio que la sociedad les entrega con gratitud, porque en cada mujer hondureña habita una luz profunda que, día tras día, sostiene la vida y llena de esperanza a quienes la rodean.

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