Hay episodios que, por unos pocos minutos, pudieron haber cambiado la historia. Lo ocurrido el 30 de septiembre a bordo del vuelo FZ1073 de flydubai, entre Dubái y Tel Aviv, pertenece a esa categoría.
El copiloto, Hamam al-Hammami, atacó con un cuchillo al comandante, el indio Smit Machchhar, cuando el Boeing 737 MAX se encontraba en pleno vuelo. A bordo viajaban 174 pasajeros y ocho tripulantes: 182 personas, entre ellas alrededor de 150 israelíes. En medio de la emergencia, el avión perdió entre 14.000 y 17.000 pies en menos de un minuto, según distintas fuentes oficiales y registros del vuelo.
El comandante, pese a estar herido, consiguió abrir la puerta de la cabina. Pasajeros y miembros de la tripulación redujeron al atacante, mientras dos pilotos de flydubai que viajaban como pasajeros, fuera de servicio, asumieron los controles. El avión terminó aterrizando en Tabuk, Arabia Saudita. Benjamin Netanyahu calificó de héroe al comandante. No es una exageración: aquel gesto pudo marcar la diferencia entre una emergencia y una tragedia.
Sobre las intenciones finales del atacante todavía corresponde esperar la investigación. El fiscal general de Emiratos Árabes Unidos afirmó que intentó cometer un ataque terrorista. Reuters citó una fuente según la cual el objetivo era el aeropuerto Ben Gurión, mientras The Times of Israel informó que también se investigaba la posibilidad de que el avión fuera dirigido contra un rascacielos de Tel Aviv. Son versiones que deberán ser confirmadas por las autoridades.
Lo que sí sabemos es que 182 civiles estuvieron durante unos minutos dentro de un avión cuyo control había sido violentamente comprometido. Y la catástrofe no ocurrió.
Esa es quizá la parte menos contada de esta historia. No hubo edificios destruidos ni centenares de familias esperando noticias. Hubo, en cambio, un comandante herido que abrió una puerta, pasajeros que decidieron actuar y dos pilotos que, sin estar de servicio, volvieron a ocupar sus puestos para salvar un avión lleno de personas.
Pero mientras todavía se reconstruían los hechos, apareció otra reacción: la conspiración. El Centro de Investigación sobre Antisemitismo de CAM contabilizó 2.963 publicaciones en X que culpaban a Israel, al Mossad, a Netanyahu, a los sionistas o a los judíos durante las primeras doce horas. La primera habría aparecido apenas 67 minutos después de la señal de emergencia. La ADL registró al menos 25.000 publicaciones con teorías conspirativas en las primeras 48 horas. Una verificación posterior no encontró evidencia creíble de que el episodio hubiera sido escenificado.
La velocidad dice mucho. Antes de que terminara de conocerse lo ocurrido, algunos ya habían decidido quién era culpable. No necesitaban pruebas: necesitaban confirmar un prejuicio.
Emiratos Árabes Unidos retiró posteriormente los permisos de aterrizaje a las aerolíneas israelíes, dejando varados a miles de pasajeros. Su fiscal general calificó el episodio como un intento de ataque terrorista, mientras Arabia Saudita habló de una agresión contra el capitán.
Todo esto sucede, además, cerca del aniversario del 7 de octubre de 2023, cuando unas 1.200 personas fueron asesinadas y cientos secuestradas. Se puede criticar a Netanyahu, cuestionar la guerra, defender un Estado palestino y exigir protección para los civiles de Gaza. Eso es debate democrático.
Lo que no es debate es convertir cualquier tragedia relacionada con Israel en una conspiración judía. Ahí la crítica política termina y comienza el antisemitismo.
Del FZ1073 todavía quedan preguntas por responder. Pero una verdad ya está establecida: una tragedia estuvo cerca y no ocurrió porque algunas personas decidieron actuar.
Un comandante abrió la puerta. Otros tuvieron el valor de cruzarla.
Y 182 personas regresaron a casa.