Los hechos son los hechos

El poder público y el aparato estatal deben estar orientados hacia la persona humana como fin supremo de la sociedad, pero hacia todas las personas, sin distinción de clase social, afiliación política o ideología.

  • Actualizado: 30 de mayo de 2026 a las 01:09

No importa quién cuente la historia ni la forma en que la cuente: los hechos no pueden cambiarse. ¿De qué hechos hablamos? De las masacres que seguimos viendo a lo largo y ancho del territorio nacional.

Para nosotros, los hondureños, presenciar homicidios se ha vuelto parte de la cotidianidad. Crecimos escuchando y leyendo en los periódicos sobre múltiples masacres; sin embargo, es un tema que no debemos pasar por alto ni aceptar como algo normal.

La sangre que se derrama es sangre de compatriotas, de personas que son hijos, padres, hermanos, esposos y amigos. Miles de familias viven estos lutos en silencio. Esta ola de criminalidad ha azotado al país durante muchos años y el Estado se ha mostrado insuficiente para dar respuestas efectivas.

¿Se trata de falta de capacidad o de falta de voluntad? Habrá que analizar si existe dolo o culpa, pero hay algo que no admite discusión: los hechos no pueden cambiarse. La vida perdida no se puede recuperar y el tiempo desperdiciado tampoco. Por eso los gobiernos no están para perder el tiempo, improvisar o prometer cambios que nunca llegarán.

Lo que la sociedad anhela son respuestas concretas y resultados efectivos. Resultados como los que observamos en El Salvador, donde mientras aquí seguimos hablando de una ola de criminalidad persistente, allá se impulsan programas que reflejan una mayor sensación de orden y estabilidad.

Esa es la realidad material. Son los hechos que existen y que, por más que algunos intenten manipular, ocultar o distorsionar, jamás podrán desaparecer.

Al hondureño promedio, al que no tiene conexiones políticas y vive preocupado por su cosecha, su pulpería o por el dinero que le envía un familiar desde Estados Unidos, poco le interesan los discursos sobre crecimiento económico expresados en porcentajes o indicadores. Esa persona quiere que el dinero le alcance para vivir, encontrar medicamentos en los hospitales, viajar segura en el transporte público y tener la certeza de que podrá vivir con dignidad en su vejez. Quiere que sus hijos crezcan seguros, lejos de la violencia y la delincuencia.

Por eso, muchos ciudadanos no encuentran consuelo en las cifras o en los discursos de funcionarios que aparecen en televisión presentando datos que no reflejan la realidad que viven día a día.

Esos son los hechos. Y por más que se cuenten de distintas maneras, seguirán siendo los mismos hasta que el interés central de los gobiernos sea la colectividad y no pequeños grupos privilegiados.

El poder público y el aparato estatal deben estar orientados hacia la persona humana como fin supremo de la sociedad, pero hacia todas las personas, sin distinción de clase social, afiliación política o ideología.

Cuando el poder se utiliza verdaderamente al servicio de los pueblos, es un hecho que las sociedades avanzan, prosperan y crecen de manera organizada.

Honduras quiere hechos, no promesas ni justificaciones.

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