En las primeras horas de todas las noches, mientras las familias ven Netflix, o deambulan en las redes, o guasapean, alguien perturba los ánimos disipados para anunciar que “ya viene la cadena”.
Con solemnidad funeraria, aparece en el televisor un señor de bata blanca y grave aspecto, que repite las noticias de la noche anterior, con peores números de muertos y contagiados.
Actualizamos esta contabilidad de la muerte aunque altere la presión arterial, encoja el colon, laxe o estriña, agrave el estrés, aleje la esperanza y refuerce la corazonada de que no se hace lo necesario.
La macabra ceremonia, que se sufre antes de dormir, cobra elevada tarifa a la salud individual y colectiva. Debe haber maneras menos deprimentes de comunicar.
Distintos son los informes del presidente, quien da las buenas noticias. Distintos, pero no muy esperanzadores, pues si bien reiteran el evidente compromiso y el trabajo esforzado del gobierno, también reafirman la sensación de que algo falta, que no puede ser eso todo cuando “lo peor está por venir”, y muy pronto.
Ahí está el caso de la posposición para junio del pago del Impuesto sobre la Renta (ISR) de las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes).
El ISR no es parte de su economía, pues los micro -la inmensa mayoría- nunca lo pagan, los pequeños rara vez, y los medianos lo evaden siempre que pueden.
Más aún, las Mipymes son comerciantes minoristas que no producen lo que venden, sino que lo compran a las grandes empresas productoras e importadoras. Es así que, si busca proteger el empleo de las Mipymes, el gobierno debe promover la pronta reactivación de las actividades industriales, agrícolas y comerciales.
Pero además, esa medida de apoyo a las Mipymes deja fuera su financiamiento, riesgo elevado que no corren los bancos comerciales, sino la red financiera especializada del sector, integrada por numerosas ONG y cooperativas financieras. Esa red está ilíquida y en peligro porque sus clientes no están pagando sus préstamos. Es apoyando a ese sistema crediticio como se puede llevar liquidez a las Mipymes, no postergando el pago de su ilusorio ISR.
Es necesario rescatar toda la cadena de producción y comercio, y que la reactivación de las Mipymes y de las empresas grandes sea simultánea. Si alguna reserva cabe aquí, es que, mientras dure la crisis, los estímulos promuevan exclusivamente los productos más necesarios para la alimentación, la salud y la propia reactivación económica.
No se trata, pues, de medidas sectoriales aisladas, por bien intencionadas que sean. Se trata de una acción conjunta, simultánea, coordinada, concertada, sobre toda la economía. Y esa acción debe estar en sintonía con la recuperación de la economía mundial, que nos financia, nos compra y nos vende. Esto requiere enfoques visionarios y decisiones valientes, creativas, enérgicas, pragmáticas e inmediatas para sobrevivir en la cercana pandemia económica. Esta crisis ya se incuba, y será más letal y destructiva que el Covid-19, porque arrastrará conflictos políticos y sociales de gran peligrosidad, quizás empujados por el hambre, por el rencor de las muertes no evitadas, y por un prolongado encierro que crispa los nervios de las masas. No habrá mejor prevención que un plan integral, realista, incluyente y coherente de reactivación económica. Ya debería estar listo, pero en el ambiente de miedo e incertidumbre que vivimos, se respira el temor de que, otra vez, se actúe cuando ya sea tarde