La indiferencia de la humanidad también mata

“Primero vinieron por los socialistas, y yo no hablé, porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé, porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y yo no dije nada, porque no era judío. Luego vinieron por mí, y ya no quedaba nadie que hablara por mi”. Célebre advertencia del pastor luterano alemán Martin Niemöller

  • Actualizado: 02 de octubre de 2026 a las 14:53

La indiferencia es un mal que siempre ha acompañado a la humanidad. La parábola del pastor Niemöler, ocurrida durante el ascenso del nazismo cobra vigencia en pleno siglo XXI, cuando vemos que el mundo enfrenta retos gigantescos, incluso de supervivencia, pero poco o nada se hacer para enfrentarlos, precisamente por la falta de acción –y hasta de emoción– de la humanidad en su conjunto.

Hoy vivimos en el planeta cerca de 8,300 millones de habitantes, pero no se escuchan voces fuertes, masivas y constantes, que reclamen acciones serias de sus gobernantes ante problemas tan serios como las guerras, los abusos del poder político y, ¡sobre todo!, por la destrucción constante del planeta como se viene advirtiendo desde hace décadas, sin un cambio de fondo.

Aunque esa indiferencia ha sido latente a lo largo de la historia de la humanidad, también es cierto que se han registrado importantes brotes que demuestran que, cuando la conciencia golpea, cuando el “agua llega al cuello”, las sociedades pueden levantarse y cambiar ese rumbo que no iba más allá que a la destrucción y el abuso del poder.Esos movimientos han demostrado que es la acción la única forma de cambiar el rumbo. La Revolución Francesa trajo los primeros principios de los “Derechos del Hombre y el ciudadano”, la independencia de India mostró el camino de revolución por medio de la “No Violencia” –impulsada por Mahatma Gandhi–, en Estados Unidos se dio un largo “Movimiento por los Derechos Civiles” –entre los años 50 y 60–, que terminó con el odioso racismo, y en 1989 vimos caer el Muro de Berlín, símbolo de un fallido sistema comunista impulsado por la Unión Soviética (URSS).

Pero esos momentos son, en realidad, más excepciones de ese comportamiento indiferente que censuraba Niemöller, que una actitud que nos define como humanidad. De hecho, el resquebrajamiento del llamado multilateralismo, que está dando paso a un “nuevo orden mundial”, parece más bien producto esa misma indiferencia, que permite que los poderosos abusen de los más débiles e impongan sus condiciones, sean buenas o malas. Lo hacen sin preguntar, sin tomar en cuenta el interés y beneficio colectivo, que siempre debieran prevalecer en un mundo “civilizado”.Este 2026 es un año en el que han saltado todas las alarmas para la humanidad: el camino hacia el “nuevo orden”; el debilitamiento de los organismos internacionales llamados a mantener la paz y orden mundial; la pérdida de fe en la democracia como sistema político, mientras se observa un autoritarismo ascendente; guerras y tensiones que no terminan con efectos globales–; y por último, pero quizás el que más requiere la atención de la humanidad, el desastre ambiental que ya cobra más vidas, incluso, que algunas de las guerras vigentes.

Lo que parecían serias advertencias en las últimas dos décadas del siglo XX se ha convertido en una realidad triste y contundente. Aunque aún hoy haya gobernantes de potencias –como Donald Trump– que niegan esta realidad, lo que está sucediendo debiera empezar a sacudir la conciencia de la humanidad y no esperar a que nos suceda lo que tuvo que vivir Niemöller estuvo en campos de concentración– por la indiferencia general y la suya propia.

Hoy se ha comprobado científicamente que los océanos no solo se están calentando, se están muriendo. Pronto veremos los cambios en su ecosistema y la muerte de flora y fauna vitales para su subsistencia... y para la de la humanidad. Los océanos absorben el calentamiento del planeta, pero sufren el daño por ello, un daño que pronto será irreparable.

Hemos vivido el año más caliente de la historia. Las estimaciones para 2026 sitúan entre 47 mil y 62 mil las muertes en todo el mundo a causa de las olas de calor. La peor noticia es que cada año las condiciones serán mas destructivas. A ello hay que sumar los largos períodos de sequía, que traen hambruna y más muerte en varios continentes.

Aunque la miopía de algunos trate de minimizar los efectos del cambio climático y el calentamiento global, los hechos muestran la magnitud de lo que la humanidad no quiere ver... al menos pareciera existir una ceguera colectiva que lleva a la indiferencia.Para terminar, basta mencionar la distorsión que produce esta miopía ambiental. El gasto militar de las potencias se sitúa en 2.9 billones de dólares anuales, mientras que, para contribuir a contener los gigantescos males ambientales apenas llegan migajas de fondos. Ni siquiera hay esfuerzos significativos para promover una transición energética o salvar la biodiversidad de países pequeños o grandes.

Ya ni siquiera hay voces globales fuertes –como en su momento fue Greenpeace–, ni se sabe de movimientos ambientalistas locales. Las luchas del siglo pasado agotaron a los activistas que ahora se añoran. La indiferencia permite el surgimiento de dictadores y regímenes autoritarios, pero también permite que nuestro planeta, nuestra casa, siga muriendo.

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