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La imperceptible reducción de la migración

Por simplicidades de la vida o a saber qué cosa, una noticia alentadora pasó casi inadvertida: las detenciones de emigrantes de nuestra región (Honduras, El Salvador, Guatemala y México) cayeron casi a la mitad, bueno, al 43%, en la frontera estadounidense en los últimos tres meses.

Está ahí, en el informe de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos, cuyas siglas -CBP- para nosotros podrían sonar a nada, pero para el emigrante significan ansiedad, desasosiego, depresión, porque determina su entrada airosa al país, su detención deplorable o su expulsión humillante.

Dos temas frecuentes en la política interna de los Estados Unidos -con que se ganan y pierden elecciones- se desgarran aquí: narcotráfico y migración; así que siempre hay una carpeta presurosa refiriéndose a esto en el escritorio del presidente Biden, como la tuvo Trump, Obama y los demás.

Entonces la CBP tiene un papel clave y cruel, no solo atajar a los sin papeles, que llegan a la frontera resistiendo el calor, el frío, el sol, las tempestades, el hambre, el sueño, sino aportando datos incesantes sobre esos flujos migratorios y el rol de la política exterior estadounidense. El 19 de septiembre publicó nuevas estadísticas.

El informe abarca junio, julio y agosto; y aunque la reducción de nuestros emigrantes es importante, siempre hubo un ligero incremento de detenciones, pero la CBP las registra como nacionales de Venezuela, Nicaragua y Cuba, sin perder la ocasión para lanzarles un dardo: “regímenes comunistas fallidos”.

Lo notable para nosotros es que nuestros emigrantes se redujeron por tercer mes consecutivo, y en palabras de Chris Magnus, el comisionado de la CBP, es por el trabajo que la administración Biden-Harris tiene con sus socios de la región para atacar las causas de la emigración, facilitar la repatriación y darles persecución a los infames contrabandistas de personas.

No hay duda de que las imágenes más desoladoras son los niños que viajan solos; hace pocos días conmovía un pequeño de cuatro años, que caminaba solitario al lado de la valla fronteriza, acompañado únicamente por un peluche.

Las cifras bajaron 14%, que parece nada con los 11,365 detenidos en agosto; en promedio, quedan bajo custodia de CBP unos 422 menores por día.El cuento para los otros emigrantes tampoco es para envidia: cruzan con lenta inseguridad Guatemala y México; pasan dos meses, cinco, siete, lo que haya que esperar, mientras eslabonan esperanzas en los centros de acogida, antes de aventarse a la frenética y ajetreada frontera, donde la CBP ha detenido a casi dos millones y medio, solo en lo que va del año fiscal.

La administración Biden prometió ayudar a los gobiernos de la región a sofocar las causas de la emigración: pobreza, inseguridad, exclusión, desesperanza; está por verse, para que la gente quiera quedarse en su tierra, aunque tenga pocas cosas, pero sustantivas y perdurables.