Columnistas

La ENEE como empresa de todos

Recuerdo un pueblo en Atlántida, lo que se dice pueblo, no era; tal vez 15 o 20 casas desperdigadas a lo largo de una carretera polvorienta, donde se enfilaban los postes de madera y cables, que traían desde lejos la electricidad para el caserío, cuyas familias pobres jamás pagarían con sus recibos los costos de la inversión: abastecerlos es el compromiso social de la ENEE.

Hace algunos años, la Empresa Nacional de Energía Eléctrica pasaba dinerales, millones, al gobierno central, ayudaba con el presupuesto nacional; funcionaba como una verdadera compañía -que presta servicios y obtiene dividendos-, hasta que diferentes gerentes y juntas directivas hicieron lo que parecía imposible: romperla, despedazarla, quebrarla.

Y es que el asunto es rocambolesco: si tomamos en cuenta a la ENEE como la única empresa que vendía energía eléctrica, y considerando que todos los ciudadanos necesitamos el servicio, era inimaginable, insospechado, que con semejante monopolio, unos cuantos gerentes serían capaces de quebrarla... y lo hicieron.

Diferentes gobiernos llegaron con anuncios de que esta vez sí, que rescatarían la ENEE y harían una empresa ejemplar, pero, al final, solo se dedicaron a defender los intereses de unos cuantos negociantes de la energía y sus contratos desmesurados, y tampoco disimularon las intenciones de privatizarla.

No faltan las voces desconfiadas, que descubren la crisis de la ENEE como premeditada, acentuada y perversamente dirigida, para poder justificar la ambiciosa privatización que les dé el negocio de sus vidas a algunos empresarios y banqueros, y deje sin oportunidades a pueblitos como el atlántico recordado.

Ya estábamos dando a la ENEE por perdida, pero el nuevo gobierno ha llegado con aires de recuperación, de devolvernos a los hondureños un bien por el que alguna vez muchos se sintieron orgullosos; no será fácil, como dirían con otras palabras en el barrio, está entre complicado y difícil.

La intención es devolverle a la ENEE aquella magnífica posición de bien público, de patrimonio nacional, que contribuya con el desarrollo del país, según palabras del ministro de Energía, y además gerente temporal de la empresa, Erick Tejada, quien ya presentó un plan de recuperación a la presidenta Xiomara Castro.

Entre esos planes está la revisión de los 77 contratos con diferentes generadores, quienes -preocupados- mueven hilos, tocan teclas, para no perder sus espléndidos negocios; algunos de esos acuerdos con notables desventajas para la empresa y los consumidores.

También se revisará la Ley General de la Industria Eléctrica, que no parece haberse aplicado como debería, y, según lo destaca el propio ministro, la visión del gobierno es reivindicar lo público, que la ENEE vuelva a ser de todos, y que nos permita lo que todos aspiramos: una empresa robusta, suministro permanente y tarifas contenidas, justas. Ojalá que puedan.