Recién hemos salido de las elecciones internas y los partidos políticos y sus candidatos se preparan para el proceso de elecciones generales, por lo que es apropiado refrescar algunos temas relacionados con estos procesos políticos.
En primer lugar, el término “democracia” se deriva de la unión de dos palabras griegas: demos (pueblo) y kratos (gobierno). Por lo menos etimológicamente, democracia significa el “gobierno del pueblo”, o sea, un gobierno ejercido y controlado por el conjunto del pueblo.
Hoy en día, la democracia se identifica principalmente por la existencia de un proceso que permite mediante el voto popular, que las mayorías elijan sus gobernantes.
Pero para que la democracia realmente impere en un país, se requiere la existencia y buen funcionamiento del Estado y lograr que exista un conjunto de condiciones, como la participación popular, la libertad, la igualdad, o el derecho de las minorías.
Para el buen funcionamiento del Estado es imprescindible que sus distintos poderes estén limitados por una Constitución y que, además, exista una genuina división de poderes que se balanceen y vigilen los unos a los otros para evitar los abusos de poder por parte de uno de ellos.
Cuando estos elementos funcionan en un Estado, entonces se puede afirmar que existe un gobierno democrático. Sin embargo, en la vida real en muchos países ni siquiera hace falta cambiar la Constitución para violentar los derechos y la libertad de los ciudadanos en general y de las minorías en particular.
Basta con “interpretarla” de la forma más amplia posible, tal como se hizo en nuestro país para llegar a permitir la reelección presidencial.
En sentido estricto, la democracia es una forma de gobierno en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta, lo cual les confiere legitimidad a sus representantes.
En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que todos sus habitantes son libres e iguales ante la ley y las relaciones sociales se enmarcan dentro de lo que manda la Constitución de la República.
Simón Bolívar decía que “solo la democracia... es susceptible de una absoluta libertad, libertad que se define como el poder que tiene cada hombre de hacer cuanto no esté prohibido por la ley”.
La falla de los que se consideran demócratas consiste en pensar, idealistamente, que las reglas y leyes establecidas en una Constitución se hacen cumplir por el mero hecho de estar incorporadas en la misma.
En una democracia y haciendo uso del control absoluto del poder se puede reescribir las reglas delineadas en la Constitución, abolir la separación de poderes y violar los derechos de los ciudadanos.
Lo hemos visto y lo estamos viendo en la actualidad en algunos países latinoamericanos.
Por otro lado, la democracia se ve erosionada por los efectos negativos del modo jerárquico en que se hace política.
El crecimiento de los partidos políticos hace surgir una casta de políticos profesionales, que, con el tiempo, se convierten en dueños del partido, crean sus zonas propias de influencia y logran hacer que el partido dependa de ellos, no de las bases o de los principios ideológicos fundacionales, para así satisfacer sus intereses personales.
Pero no solo eso, este esquema también se puede extender a la sociedad civil, facilitando el control político de instituciones como las universidades, los medios de comunicación y las empresas públicas, todo con el objetivo de acceder y mantener el poder.
Como corolario, en muchos países latinoamericanos han surgido los dictadores democráticos, que aprovechándose del control que ejercen sobre las instituciones del Estado, se reeligen una y otra vez, utilizando los recursos públicos como si fueren propios y métodos fraudulentos. Y es que el poder es adictivo y una vez que se tiene es muy difícil para un ser humano, que de por sí es imperfecto, dejarlo por voluntad propia.
Las elecciones dan a los ciudadanos la oportunidad de elegir al candidato que consideren que cuenta con las cualidades idóneas para manejar los destinos del país y buscar el bien común y no su beneficio propio.
Además, también permiten un proceso de renovación de la clase política, no solo por la necesidad de traer sangre joven sino que también para lograr un necesario proceso de depuración.
Veamos que sucede en estas elecciones generales. Para cerrar, una frase de Joseph Stalin muy apropiada: “Aquellos que votan no deciden. Aquellos que cuentan los votos deciden todo”.