Justicia, paz, unidad y trabajo

La primera y urgente tarea, es rescatar el sistema de justicia del pantano partidario

  • Actualizado: 17 de enero de 2026 a las 00:00

Honduras abre un nuevo capítulo político con una herida vieja: la desconfianza. Y esa herida se cura con justicia verdadera, con paz pública, con unidad nacional y con trabajo digno. Se cura, sobre todo, cuando el poder aprende a obedecer, respetar y servir.

El gobierno que inicia bajo la responsabilidad ejecutiva del Partido Nacional, presidido por Nasry Juan Asfura Zablah, no debe ignorar que un país no se sostiene con hombres fuertes, sino con instituciones fuertes.

La primera y urgente tarea, es rescatar el sistema de justicia del pantano partidario. Honduras no necesita jueces militantes, necesita jueces valientes. No necesita fiscales complacientes, necesita fiscales íntegros. Mientras la justicia sea instrumento de venganza o de impunidad, el Estado de Derecho será una palabra hueca y la corrupción seguirá reinando como si fuese ley.

La paz social tampoco es un adorno, sin justicia y seguridad no hay comercio, no hay inversión y no hay empleo. La extorsión destruye la economía desde adentro, el narcotráfico corrompe la política, y la impunidad desmoraliza al ciudadano que trabaja. Por eso, la seguridad debe ser política nacional fundamentada en inteligencia, investigación, control territorial, depuración real y coordinación que produzca resultados medibles.

Unidad, en un país como el nuestro, no significa callar ante lo incorrecto, significa sentar a Honduras por encima del partido. Significa entender que la nación no puede detenerse cada cuatro años porque cambió el color del escritorio. La continuidad de lo bueno es un axioma de gobernanza. Es necesario condenar los caprichos políticos que impiden el desarrollo. Un gobierno responsable evalúa, corrige y mejora; no paraliza por odio ni reinicia por soberbia

El trabajo es el termómetro moral de una administración, un Estado que no genera condiciones para producir condena al pueblo a la miseria y al éxodo. Proteger la propiedad privada, simplificar trámites, garantizar reglas estables y combatir la corrupción administrativa es crear el ambiente propicio para la inversión. El empleo masivo no nace de promesas; nace de confianza, nace cuando la ley se cumple.

En el agro está la dignidad de la mesa hondureña. Sin datos reales no hay planificación, urge un censo agropecuario serio para ordenar el territorio y encadenar la producción. Se requiere infraestructura rural y crédito accesible y mecanismos de riesgo que no abandonen al productor. Se requiere educación, investigación y transferencia tecnológica, sumando ciencia y conocimiento campesino. Y se requiere revisar, con inteligencia, los efectos de la apertura comercial, porque el agroexportador avanza, pero los granos básicos han sido golpeados por subsidios externos y por la falta de políticas internas firmes.

Un gobierno que aspire a justicia, paz, unidad y trabajo debe recordar que la autoridad no es permiso para mandar, sino obligación para servir.

Finalmente, ‘‘No se puede gobernar una nación con justicia y verdad sin Dios y sin la Biblia’’. Queda planteado.

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