Ciertamente las instituciones gubernamentales en alianza con las cúpulas de partidos políticos, empresa privada, sociedad civil y militar de Honduras están inmersos en un mar de corrupción, el sistema está contaminado, lo contaminaron nacionales y extranjeros y cuyas funestas consecuencias lo sufre el pueblo.
La soberanía de Honduras ha sido entregada de a poco a través de sus gobiernos y precipitándose en la actual administración. Perdimos nuestra soberanía hace un buen rato atrás, infelizmente, el control de nuestra nación está en manos de Estados Unidos de América (USA) con su contenido y consecuencias.
Los hondureños juntamente con los pueblos y gobiernos del mundo somos testigos del clamor de justicia que nuestros ciudadanos han venido exigiendo al gobierno de Estados Unidos, para que no continúe defendiendo lo indefendible, para que no siga sosteniendo lo insostenible. Un gobierno que ha hecho mal a conciencia, pasando por encima de la ley, las instituciones, las personas, cometiendo crímenes económicos, jurídicos, políticos, electorales, sociales.
Al Partido Nacional de Honduras simplemente lo hizo trizas.
Quien utiliza su rol institucional para beneficio personal es absolutamente condenable, resulta indigno y grave quien se aprovecha de su posición pública para ganar ilegalmente dinero y poder.
Desgraciadamente, los políticos hondureños no solo ignoran la constitución y las leyes para beneficio de sus propios actos, sino que también diputados, jueces y fiscales cierran los ojos delante de funcionarios del Estado imputados e indagados por delitos gravísimos.
El combate de la corrupción no se trata de tener el sistema anticorrupción más avanzado o el más duro del mundo como los de Alemania y Reino Unido, respectivamente, o tener el más perfeccionado como Italia, definitivamente no; se trata del ser humano, quien fabrica con riqueza de detalles la impunidad y la corrupción lleva en sus entrañas la maldad, en su mente y corazón abundantemente cargan la perversidad, la ambición desmedida y la idolatría al dinero.
En este punto es valedero mencionar la palabra de Dios: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. (1 Timoteo 6:9-10)”.
La corrupción en Honduras es permisiva desde Casa de Gobierno; en el país se estableció la cultura de la corrupción y se diseminó en todos los poderes del Estado; el Ministerio Público, el Tribunal Supremo Electoral, las Fuerzas Armadas, la empresa privada, los partidos políticos, sectores de la sociedad civil, asociaciones de productores agrícolas, colegios profesionales, los sistemas de salud y educación, en fin, donde se toque sale corrupción.
En Honduras, infelizmente, no existe justicia, todas las instituciones administradoras de justicia y su personal están bajo la jurisdicción de Casa Presidencial.
Triste condición la del pueblo hondureño, escuchar esos alaridos de corrupción cargados de pruebas que fundamentan la veracidad del delito, pero sin ninguna aplicación de justicia; desde luego nuestros sentimientos se llenan de impotencia, frustración y de rabia, pero también de indignación y repudio.
Condenamos la corrupción con sus actores y actrices.
Existe actualmente en nuestra amada patria Honduras un sentimiento de inseguridad, impotencia, miedo, frustración y tristeza; pero de hecho abrigamos la esperanza en no perder la convicción de ver los renovados cambios y la fe en la transformación de nuestros sistemas político, económico y social; fiscal, financiero, empresarial, agrícola, laboral, electoral, urbano y rural. Así como soñamos con vidas y ciudades limpias, debemos hacer profundas modificaciones y limpieza en toda la estructura y funcionamiento institucional del país.
Cabe ahora esperar que hablen las conciencias, escuchar y que actúe la justicia de Estados Unidos.
Superar la crisis política, económica y social y alcanzar la paz en Honduras pasa por la renuncia o salida del actual jefe de la Casa de Gobierno y su equipo; convocar a elecciones y despojar al orlandismo de toda influencia. Confíanos que en el nuevo gobierno, él o la presidente de la República y todos los funcionarios del Estado sean mujeres y hombres capaces, equilibrados, íntegros y honrados, enemigos de la corrupción. Pues tocará a ellos limpiar el sistema, ganar credibilidad y establecer puentes de inversión nacional y extranjera para lograr el tal ansiado desarrollo y progreso de nuestra nación. Competirá al nuevo gobierno elaborar un sistema basado en un marco normativo con el objetivo de establecer políticas de anticorrupción y crear las instituciones y seleccionar personal para ponerlas en práctica. El pueblo de Honduras clama a voz en cuello: ¡Fuera corrupción!