El agitado mundo de las elecciones no se detiene; en Brasil apenas acaba de imponerse el progresista Lula da Silva sobre el ultraconservador Flávio Bolsonaro; en Israel aún no se define quién será primer ministro; y, casi de inmediato, Estados Unidos enfrenta una de las votaciones legislativas de medio mandato (midterm) más importantes en su historia reciente.
Pero antes se dieron elecciones presidenciales en Costa Rica, Bolivia, Colombia y Perú, todas con un resultado parecido, pues los candidatos de derecha vencieron a sus oponentes de izquierda, mostrando una tendencia de respuesta favorable a los mensajes que desde la Casa Blanca enviaba Donald Trump, ya fuera de manera explícita o subliminal.
Estos resultados en las urnas han marcado en la región latinoamericana un giro hacia el lado ultraconservador o de derecha moderada, pues se suman a esa tendencia los gobernantes de Argentina, Honduras, El Salvador, Chile, Ecuador, Paraguay y Dominicana. En el lado progresista se mantienen las dos economías más grandes de la región: México con Claudia Sheinbaum y Brasil con Lula, quien se recuperó tras perder la primera vuelta para resurgir como el ave Fénix en el balotaje, aunque gran parte del país y el control del Congreso quedan en manos del partido derechista de Bolsonaro.Bajo las dictaduras de Cuba y Nicaragua no sopla ningún viento electoral y, por lo tanto, sus pueblos continúan bajo la bota de la imposición y sin gozar de libertades, mucho menos de la oportunidad de elegir autoridades.
Esto es lo que ha sucedido y está definido. Sin embargo, hay mucho por decidir en los próximos días y semanas, pues las elecciones en EEUU constituyen una prueba de primer nivel para el presidente Trump y los republicanos que, de perder el control del Congreso –Cámara de Representantes y Senado–, podrían encontrar un obstáculo en el estilo de gobernanza que ha dictado estos últimos dos años el inquilino de la Casa Blanca.
El martes 3 de noviembre será un día en que el planeta entero ponga atención a lo que sucede en las urnas estadounidenses. Las encuestas marcan claramente que hay un rechazo mayoritario a Trump –el 61% de los estadounidenses, según el diario británico The Economist–, pero esto no significa, necesariamente, que vaya a perder las dos cámaras.
Los analistas independientes coinciden en que es un hecho que los republicanos no podrán retener el control de la Cámara de Representantes, pero no sucede lo mismo con los vaticinios sobre el Senado, ya que se espera que el mismo se defina en unas pocas elecciones reñidas en estados considerados clave para esta votación.
Hay que recordar, sin embargo, que en lo que el Congreso no puede poner freno al hombre del Despacho Oval es en el manejo de la política exterior, la cual no sufrirá cambio, aunque sí podría perder algo de peso por efectos colaterales que podrían llegar desde el Capitolio.
Así como vemos un mundo mucho más complicado que hace apenas un lustro, también es complejo el resultado de ciertas elecciones, principalmente en países de corte parlamentario. Eso lo estamos viendo tras la votación en Israel, en donde el primer ministro, Benjamín Netanyahu–nacionalista ultraconservador–, no alcanzó la mayoría necesaria para permanecer en el cargo y ahora debe buscar alianzas y acuerdos que no parecen tan sencillos. Su oponente, el centroderechista Gadi Eisenkot, tampoco la tiene fácil, pues su posibilidad de alianzas para alcanzar la mayoría necesaria está en manos de los llamados “partidos árabes”, con los que no es fácil acordar hacer gobierno de coalición. Si no se logran alianzas, habrá que volver a votar.
Se sabe de la inclinación de Trump a favor de Bolsonaro y Netanyahu, pero ninguno de ellos vio que esa cercanía le ayudara en las urnas. Hay que reconocer, eso sí, que los mensajes del presidente estadounidense no fueron del todo contundentes en ambas elecciones, pues él mismo se encontraba empeñado en sus giras por invitar a votar por los candidatos republicanos a lo largo y ancho de su país, “como si yo mismo estuviera en las papeletas”.
Esta frase ha convertido las elecciones del 3 de noviembre en una especie de referéndum sobre sus dos primeros años de mandato.
Las elecciones sirven para legitimar a los gobernantes en una democracia. Sin embargo, así como se ha visto que el voto de los pueblos sigue siendo importante y respetado, no sucede lo mismo con el principio de que sean totalmente libres, pues en muchos casos se ha visto esa injerenciaextranjera, como sucedió –principalmente– con Colombia, donde Abelardo de la Espriella tuvo el espaldarazo decidido de Trump con la promesa de que recibiría el apoyo estadounidense si ganaba, terminando de inclinar la balanza a su favor.
En fin, es bueno que se sucedan estos procesos democráticos. Lo malo, es que se exacerbe la confrontación ideológica, que veamos a pueblos y países polarizados y confrontados... e influenciados.Brasil se definió pronto. El martes se sabrá lo que sucede en Estados Unidos y, seguramente en los próximos días, Israel puede decidir su futuro. Luego vendrá, a fin de mes España, y conoceremos si queda en manos de los socialdemócratas o gira a la derecha.