Ninguno de los que ahora estamos vivos en el planeta veremos la igualdad de género gobernando los países del mundo, no al paso que vamos dicen los descorazonadores cálculos de la oficina ONU Mujeres, que pasarán 130 años para que haya igual número de presidentes y presidentas. El triunfo de Claudia Sheinbaum en México son pininos.
Aunque presumimos de civilización, todavía predomina una irrefrenable conducta patriarcal, que asigna al hombre la preeminencia, dominio, autoridad y ventajas sobre la mujer, rebajándola a la subordinación y al sometimiento. Todas las sociedades actuales son patriarcales, sostenidas y reforzadas por una implacable tradición cultural que creó instituciones sociales, políticas y religiosas para enseñar a todos quién manda; y es tan grave, que hay muchas mujeres incluso que creen que la insumisión y la irreverencia son algo así como pecado.
La manifestación del patriarcado es el machismo y, lógico, en algunos países se nota más que en otros, como en las personas, y tanto en México como en Honduras no salimos bien parados; la actitud dominante, posesiva y agresiva contra la mujer es noticia diaria, que va desde el maltrato en casa, acoso en la oficina, obscenidad en las redes, hasta el imperdonable femicidio.
Con seguridad la nueva presidenta de México también será víctima de misoginia, como le ocurre a la mandataria hondureña Xiomara Castro, cuyos detractores aupados por la oposición se disminuyen a la bajeza de lo vulgar y ordinario para atacarla por su condición exclusiva de ser mujer.
Que gobierne una dama cuesta que entre en la cabezota de muchos machirulos, pero también las mandatarias encuentran su némesis en otras mujeres. Y es que en poco más de 200 años de historia latinoamericana, apenas siete han logrado ganar las elecciones y convertirse en presidentas.
No hay que revisar mucho, en 1990, en Nicaragua, Violeta Barrios de Chamorro fue la primera mujer latinoamericana en llegar a la presidencia por el voto popular; y hubo que esperar hasta 1999 para que Mireya Moscoso, alcanzara el mismo puesto en Panamá.En Chile, después de la pesadilla sanguinaria de Pinochet, por primera vez en América Latina una mujer fue nombrada ministra de Defensa: Michelle Bachelet; más tarde la eligieron presidenta de la República, dos veces, en 2006 y en 2014. En Argentina, también tuvo dos mandatos Cristina Fernández, en 2007 y 2012.
En Costa Rica, Laura Chinchilla logró la primera presidencia de una mujer en 2010. Y en el inmenso Brasil, Dilma Rousseff logró su primer mandato en 2011, luego repitió en 2015, pero fue defenestrada por un golpe en 2016. Ya mencionamos a Xiomara Castro, que asumió en 2022 y Sheinbaum que lo hará el 1 de octubre.
Otras mujeres llegaron sin el voto, como Isabelita Perón, en Argentina; Lidia Gueiler, en Bolivia o Dina Boluarte, actualmente en Perú. El desafío por no ser hombres se multiplica sin piedad