Columnistas

El pueblo no existe

Las elecciones 'estilo Honduras' siempre han sido una fórmula criminal de secuestrar la voluntad del pueblo, mediante la burla y el cinismo constituido en órganos electorales, que son partos en las sombras de los turbios negocios políticos.

Aun así, apostamos por unas elecciones primarias, conociendo la carencia de líderes y la no existencia de partidos que representen mayoritariamente a los hondureños, pero, por esto no podemos bajar las banderas de la libertad, la democracia y la lucha por los valores.
Lamentablemente, esta ilusión nos hizo pensar que esta vez sí tendríamos elecciones basadas en los principios del sufragio universal y la igualdad política, con gestión de profesionales, imparciales y transparentes.

Creímos en el nacimiento de esa criatura bautizada como Consejo Nacional Electoral (CNE) que sin aprender a caminar ya empezó a dar advertencias del desastre que se avecina, en una práctica frustrada con la falta de un conteo rápido, escaneo de actas y la respectiva transcripción de datos para su divulgación, mientras todavía esperan maletas electorales 'perdidas' en algún recodo del fraude, que desde el inicio se miraba venir, ante una improvisación monstruosa, pero sin importar eso, más de 4.800.000 de hondureños fueron convocados a participar en los comicios internos de los partidos Liberal, Nacional y Libertad y Refundación (Libre), quienes contaron con la participación total de 9 precandidatos presidenciales, 1792 precandidatos para diputados y 4172 precandidatos a alcaldes, a sabiendas de que no aseguraban un sistema confiable de transmisión de resultados.


Esto concluyó como se esperaba, en un desastre total: toma de decisiones tardías e inoportunas, sin la totalidad de mesas electorales receptoras, con gente en las mesas que fue nombrada con muy poco tiempo, y casi nada de información necesaria para el proceso, sin permitir la observación de las actas electorales de la sociedad civil, el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) y de otras organizaciones e instituciones que no fueron veedores del proceso de conteo de votos y actas con fines de transparencia en el escrutinio público.

Así pues, aparte de inoperante, el CNE es absolutista, con falta de planificación, con rabietas internas; lo único que hacen es dejar un proceso bastante obstruido, con enormes dudas. El país no está para lidiar con tanta calamidad administrativa. ¡Exigimos transparencia, necesitamos estabilidad política y paz social! La única manera de tenerla es por medio de elecciones transparentes, como un espejo de la voluntad popular, que nos encaminan a elecciones generales limpias, caso contrario, habrá una convulsión social que cada día se alimenta a la vuelta de la esquina, con actitudes como esta.

Es urgente que se apruebe la nueva Ley Electoral y la normativa legal del Tribunal de Justicia Electoral, con el fin de discutir la segunda vuelta para fortalecer la democracia y construir un Estado de derecho que afiance los derechos humanos y la justicia electoral, asimismo, que elimine las barreras jurídicas, administrativas, políticas, económicas y sociales que dificultan la participación política universal e igualitaria, a fin de regular el financiamiento político incontrolado, oculto e indebido de tanto dinero sucio que llueve del reino de los cielos del narcotráfico.

Es el momento de exigir una democracia directa, con mayor acercamiento de la ciudadanía a las grandes decisiones político-jurídicas que se toman en temas de interés trascendentales a nivel nacional, así como de restablecer la Constitución política como instrumento para un referéndum, plebiscito e iniciativa popular como mecanismos de democracia directa, porque con estos títeres del sistema cavernario de la política, el pueblo no existe, solo es una masa que se agita cada cuatro años para que vayan a votar en manada.