El gol del siglo y las pinceladas históricas

"El Argentina-Inglaterra de 1986 no fue una simple victoria deportiva. Sin buscarlo, funcionó como una catarsis social"

  • Actualizado: 24 de junio de 2026 a las 00:00

El partido de cuartos de final del Mundial de México 1986 entre Argentina e Inglaterra (hace 40 años) trascendió los límites del deporte para convertirse en un poderoso drama geopolítico y cultural. Cuatro años antes, en 1982, ambas naciones se habían enfrentado en la Guerra de las Malvinas, un conflicto bélico que dejó profundas heridas en la sociedad argentina. En este contexto, el Estadio Azteca no fue solo un escenario de fútbol, sino un tablero de ajedrez simbólico donde se libró sin haberlo previsto una batalla por el honor, la identidad y la redención colectiva.

La figura de Diego Maradona encarnó perfectamente este simbolismo a través de dos goles que figuran entre los más famosos de la historia de los mundiales. El primer tanto, bautizado como la “Mano de Dios”, representó la astucia, la picardía criolla y la rebelión de una nación desfavorecida frente a un imperio. Para los argentinos, ese gol ilegal no fue visto como una simple trampa, sino como un desquite simbólico frente a la superioridad militar y económica de Inglaterra en la ocupación de las Islas Malvinas o Islas Falkland para los ingleses.

Minutos después, Maradona inmortalizó el “Gol del Siglo”. Al eludir a casi media selección inglesa desde su propio campo, la acción transformó el partido en una obra de arte. Este segundo gol sublimó la trampa previa y demostró una superioridad estética y técnica. La genialidad de Maradona despertó admiración mundial y ofreció un bálsamo emocional para un pueblo que aún transitaba los traumas de la dictadura militar y la humillante derrota bélica infringida por los ingleses. Los órganos represivos de la dictadura argentina (que lucieron “valientes” frente a su pueblo), pusilánimes frente a los británicos, asesoraron en los años 70 y 80 a militares y paramilitares de varios gobiernos autoritarios en América Latina, enseñándoles a erradicar todo cuestionamiento a los “enemigos internos”.

Para Inglaterra, el partido simbolizó la frustración ante la ruptura de las reglas del fair play que ellos mismos reclamaban como herencia cultural por ser considerados los fundadores del balompié asociado. Sin embargo, para el resto del mundo, el encuentro se convirtió en el mito fundacional del fútbol moderno, donde el débil vence al fuerte mediante el talento aunque retando a la vigilancia arbitral.

En conclusión, el Argentina-Inglaterra de 1986 no fue una simple victoria deportiva. Sin buscarlo, funcionó como una catarsis social y un territorio de reparación simbólica. Aunque muchos nieguen que el fútbol tenga relación con la guerra, quedó demostrada la capacidad del deporte para canalizar algunos dolores de la historia y transformarlos en leyenda. Reflexionando también que ni Maradona, ni el fútbol o regímenes son dioses.

México 1986 marcó particular historia. Habiendo sustituido la designación original de Colombia como sede, su realización fue precedida por los terremotos del 19 y 20 de septiembre de 1985 que golpearon particularmente a la Ciudad de México y una parte del suroeste. En el momento actual, se realiza un nuevo torneo mundial por primera vez con triple sede que seguro también dejará historias interesantes. Pasará este mundial y llegará otro para conmemorar un siglo de competencias cada vez más mercantilizadas y como válvulas de escape a las dificultades de la especie humana. El próximo torneo continuará rompiendo esquemas, tendrá tres sedes oficiales, con tres continentes involucrados si incluimos a tres países sudamericanos para los partidos inaugurales.

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