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EE UU, sistema electoral descentralizado

El Colegio Electoral, definido como el grupo de electores escogido por los votantes en cada uno de los estados de la nación el día de las elecciones, es el organismo que se reúne y selecciona oficialmente al próximo gobernante de su país por mayoría absoluta de votos: del total de 538 electores designados por políticos dentro de cada estado el escogido debe alcanzar al menos 270 votos electorales. Ello está consignado en el artículo II constitucional. El número de electores de cada estado -50 en total-, se calcula con base en el total poblacional de cada uno, siendo los más poblados California y Nueva York. Cada estado tiene al menos tres electores. La cantidad de miembros del Colegio Electoral de cada estado es igual a la de sus senadores y representantes. Un candidato presidencial puede ganar el voto popular y perder en el Colegio Electoral. Esto ha ocurrido en varias ocasiones, las más recientes cuando el demócrata Al Gore perdió ante el republicano Bush hijo el 2000 y nuevamente cuando Hillary Clinton, aún con mayoría de tres millones de votos por sobre su contendiente Trump, no triunfó al obtener este casi el 57% de votos de los electores: 304 por 227 a favor de ella. El ganador del voto popular en cada estado acumula el total de electores. El resultado es ignorar a todos los votantes en cada estado que no votaron por el candidato que acumuló mayoría de votos. EE UU nunca ha electo a su mandatario mediante el voto popular directo, lo que constituye una excepción con el resto de democracias occidentales, pese a que rige el principio de que todos los votos poseen la misma igualdad. Jesse Wegman, miembro del Consejo Editorial del New York Times afirma: “El Colegio Electoral... es el recordatorio más evidente de que nuestra democracia no es justamente igualitaria ni representativa. Ninguna otra democracia avanzada en el mundo utiliza algo semejante y por buena razón”. Distintos intentos por abolirlo y reemplazarlo por elecciones directas, de primer grado, han fracasado: sus críticos señalan que constituye “una reliquia constitucional del siglo XVIII”. Una reciente encuesta Gallup arrojó que 89% de los ciudadanos inscritos como demócratas favorece suprimirlo y solamente 23% de los republicanos. El voto ciudadano latino y negro generalmente vota mayoritariamente a favor del Partido Demócrata, igualmente los votantes jóvenes y urbanos. En la elección del 2016 la clase trabajadora blanca, masculina y femenina, favoreció al multimillonario Trump, revelando su insatisfacción y rechazo con las políticas neoliberales de sus antecesores demócratas.

En diciembre se reúnen los electores en las capitales de sus respectivos estados, emitiendo su voto para escoger al presidente y vicepresidente. Si el Colegio Electoral no emite al menos 270 votos a favor de un candidato, corresponde a la Cámara de Representantes -actualmente con mayoría Demócrata- elegir a los vencedores. Votan por estado y cada delegación estatal emite un voto, igualmente el Distrito de Columbia donde se ubica Washington. La actual administración republicana, contando con mayoría de magistrados conservadores en la Corte Suprema de Justicia, ha emitido una legislación que limita el derecho al sufragio ciudadano, introduciendo diversos requisitos y restricciones que en vez de fortalecer la participación popular la limitan.