La III Cumbre de la Unión Europea (UE) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), realizada en Bruselas, sin lugar a duda, fue un espacio extraordinario para revisar los lazos de entendimiento entre ambas regiones, en una coyuntura signada por la crisis económica y los efectos de la guerra que se libra en Ucrania.
Pese al papel de algunos miembros de la UE, de imponer formatos divisionistas al dar un trato diferenciado a los países de América Latina y el Caribe, proponiendo discursos evaluativos de carácter ideológico; por lo menos en el discurso, se empieza hablar de nuevos temas.
Como parte del reconocimiento del fracaso del actual modelo económico, en las propuestas que se discutieron se planteó la necesidad de reformar la arquitectura financiera mundial, más concretamente el papel de los bancos multilaterales de crédito, para forjar un nuevo pacto de financiamiento.
En el marco de las discusiones se habló de la posibilidad de que la UE pueda realizar inversiones de calidad en el sentido de contribuir a satisfacer las necesidades de infraestructura, de igual manera, se habló de hacer inversiones ecológicas y digitales.
Se discutió sobre la cooperación en materia de seguridad, fortaleciendo los mecanismos de justicia para hacer frente a los retos que plantea la actividad delictiva transnacional, como el tráfico de drogas y de seres humanos.
Se destacó la importancia que tienen los países de América Latina y el Caribe para el equilibrio ecológico, al sumar más del 50% de la biodiversidad del planeta. Se subrayó el papel de la región como productor de alimentos, con el 14% de la producción mundial y el 45% del comercio de productos agroalimentarios, además de ser una gran potencia en materia de energías renovables.
Lo más destacado fue la promesa de la Unión Europea de proporcionar 45 mil millones de euros, para la inversión, a los países de la región. Desde luego, tanta generosidad de Europa con los países de la región tiene una explicación, que la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, se encargó de decir: “Lo que queremos debatir hoy es cómo conectar aún más a nuestra gente y a nuestras empresas, cómo reducir los riesgos y reforzar, diversificando nuestras cadenas de suministro, y cómo modernizar nuestras economías”.
Hay otras razones, que por supuesto no las dirán los líderes europeos y son el interés que ellos tienen en disminuir el activo papel que China y Rusia están desempeñando en América Latina y la percepción de que Europa ha perdido mucho espacio en la región.
Una respuesta latinoamericanista al discurso de los europeos la dio el presidente Lula de Brasil, cuando dijo que las propuestas de los líderes del viejo continente, en muchos temas, son inaceptables, puesto que Brasil tiene una iniciativa de deforestación cero en la Amazonia para el 2030, recordándole a la Comisión Europea que hay 50 millones de habitantes en la Amazonia sudamericana que necesitan condiciones decentes y dignas de supervivencia.