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¡Cuidado con esas plantas!

Degustar la gastronomía local le reserva a uno agradables sorpresas. Los pitos, el quilete, la hierba mora, el chipilín, el loroco, los chufles (macuses), la pacaya, la juniapa y el izote son algunas exquisiteces de la región occidental que toda persona debería tener la oportunidad de probar. Amalgama de tradición indígena y criolla, su consumo persiste, combinándose en muchos casos su uso culinario con el medicinal.

Los pitos -que disfruté con frijoles- tienen propiedades somníferas, pero también se utilizan en México para picaduras de animales ponzoñosos y para la tos ferina. Su utilidad contra el insomnio es tal que puede encontrarse encapsulada en tiendas de medicina natural, aunque yo recomiendo que antes de acudir a este sucedáneo, es mejor probarlos en la cena, guisados con frijoles. Mi madre así lo hizo y bien puede dar fe de sus efectos pues despertó hasta el mediodía siguiente, después de un profundo sueño que le permitió dormir a pierna suelta.

Con excepción de algunos ingredientes de uso común en nuestras cocinas, lo cierto es que en la mayoría de los hogares se desconocen las bondades de la gran mayoría de plantas que pueden encontrarse en un jardín, a la orilla del camino o en descampado. Un amigo experto en educación me insistía que estos saberes deberían estar incorporados a esos indispensables para todo escolar en nuestros países, principalmente en las zonas rurales, pues con frecuencia leemos noticias sobre niños que se han intoxicado y perdido la vida porque consumieron hierbas y frutos (u hongos) venenosos, mientras buscaban alimentos silvestres para calmar su hambre. A diferencia de los productos con etiquetas que advierten de su peligrosidad o beneficios, las plantas y otros elementos que se encuentran al alcance de la mano en la naturaleza solo pueden distinguirse si se conocen sus características diferenciadoras.

Recuerdo bien cómo Don Roberto (“El Toro”) García, un querido profesor de generaciones del Zamorano, me enseñó en una jornada inolvidable de fangosa cosecha de malanga (Colocasia esculenta, taro) que existe un tubérculo parecido (la malanga venenosa o Syngonium podophyllum) que puede causar problemas de salud a quien la consuma. Este conocimiento puede ser de vida o muerte: saber las propiedades venenosas de las raíces y tallos del famoso “camotillo” (Zamia) le dio “ventajas” a los indios que lo utilizaron contra los conquistadores y a muchas otras personas aviesas, como da fe la rica tradición oral de estas tierras.

Procuremos informarnos más sobre las plantas que nos rodean, ya sea para disfrutarlas guisadas, curarnos con ellas o protegernos de sus efectos. Como ocurre en el gran jardín de la vida, algunas que parecen amigas, realmente no lo son y es mejor prevenir que lamentar.