En meses recientes tuvimos la oportunidad de compartir con académicos de la región nuestro análisis sobre el estado actual de la educación en América Latina y el Caribe, en un espacio de diálogo que se produce en momentos cruciales pospandemia y que nos marcan un punto de inflexión frente a los efectos devastadores de la crisis agudizada en los sistemas educativos, sobre todo en los de aquellos países más empobrecidos del continente.
“Panorama social de América Latina y el Caribe, la transformación de la educación como base para el desarrollo sostenible” es el documento de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de 2022 que sirvió de insumo para el análisis.
Este documento coloca a la educación en el eje central de la “crisis prolongada” que persiste en la región latinoamericana y del Caribe, cuyo impacto, sostiene, es devastador sobre nuestros sistemas educativos, entre los cuales Honduras resalta con deprimidos indicadores.
Es un hecho que Honduras históricamente ha reportado lentos avances en educación, pero el retroceso observado después de la pandemia ha sido tan brutal, no solo por la pérdida de estudiantes en todos los niveles educativos, sino también por la pérdida de los aprendizajes, la sobreedad, al grado que el informe de la Cepal refiere a un efecto “cicatriz” que marcará a esta generación de latinoamericanos y caribeños, afectados por la “crisis prolongada”, heredada no solo de la pandemia, sino que ya se venía observando desde hacía unos cinco años atrás a la misma.
De acuerdo con cifras preliminares del Instituto Nacional de Estadísticas (EL HERALDO 18/4/2024) el sistema educativo nacional estaría reportando en 2024 una pérdida 1.4 millones de estudiantes. La meta era alcanzar 1.9 millones, pero el último dato registrado de matrícula era de 1,658,963 estudiantes, una cifra más baja que en 2023 cuando se reportó una matrícula de 1,863,847 niñas y niños matriculados en el sistema educativo.
Esta pérdida de estudiantes afectará el nivel de educación superior, cuyo semillero son los estudiantes de educación media (entre 15-17 años), donde la cobertura ha sido también deprimida y es de apenas un 27% de acuerdo con el Informe de Progreso Educativo de la Fundación para la Educación Ricardo Ernesto Maduro Andreu (FEREMA) 2022, siendo la más baja del sistema educativo.
Como bien lo señala el documento de la Cepal, hay una crisis silenciosa en educación y advierte que esta tendrá efectos devastadores sobre el desarrollo y bienestar de las nuevas generaciones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Trágicamente, la educación no es un tema que entra en el debate público de nuestros países, donde prima el circo político, los actos de corrupción, la inseguridad, entre otros, que generan desesperanza, promueven la migración y el desencanto frente a las escasas oportunidades que se ofrece a nuestra niñez y juventud.
El sistema educativo se encuentra en estado de emergencia; se requieren medidas urgentes que hagan de la educación una prioridad nacional. Es necesario priorizar la inversión en educación, despolitizar el sistema y colocar a personas idóneas al frente de las instituciones educativas.