Por motivos de salud, no pude acompañar presencialmente las Conferencias BCH: Perspectivas Económicas, organizadas con motivo del 76 aniversario del Banco Central de Honduras. Sin embargo, tuve la oportunidad de seguirlas virtualmente y comienzo reconociendo ese esfuerzo de apertura, difusión y comunicación impulsado por su presidente, Roberto Lagos. Llevar estos debates mediante plataformas digitales a estudiantes, empresarios, profesionales y ciudadanos fortalece la transparencia y la cultura económica del país.
La conferencia de Carlos Carvallo, presidente del Banco Central del Paraguay, sobre la experiencia paraguaya para alcanzar el grado de inversión dejó una enseñanza fundamental: este reconocimiento no surge de una medida aislada. Se construye durante años con estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal, credibilidad institucional, seguridad jurídica y políticas económicas consistentes.
Para Honduras, alcanzar ese objetivo debe convertirse en una aspiración nacional y no únicamente gubernamental. También fueron importantes las intervenciones de especialistas vinculados al BID y Banco Mundial, entre ellos Tomás Bermúdez, Eric Parrado, Pedro Luis Rodríguez y Nathalie González, porque llevaron la discusión hacia inversión, productividad, crecimiento y generación de empleo.
Quiero destacar particularmente la exposición de Tomás Bermúdez, gerente del Departamento Regional para Centroamérica del Banco Interamericano de Desarrollo, cuya trayectoria incluye precisamente experiencia en inversiones y mercados de capitales. Su referencia a la necesidad de desarrollar el mercado de valores hondureño resulta especialmente oportuna. Honduras continúa dependiendo excesivamente del financiamiento bancario tradicional.
Una Ley de Mercado de Valores moderna, con adecuada regulación, supervisión, transparencia y protección al inversionista, permitiría abrir nuevas fuentes de financiamiento para empresas, infraestructura y proyectos productivos, además de ofrecer alternativas de inversión al ahorro nacional. No se trata simplemente de aprobar una ley, sino de construir gradualmente un mercado confiable, líquido y transparente que canalice recursos de largo plazo hacia la producción.
También fue especialmente relevante la intervención de Pedro Luis Rodríguez, del Banco Mundial, quien puso el énfasis en un desafío central: cómo convertir la estabilidad macroeconómica en un crecimiento más alto, sostenible e inclusivo. Su planteamiento resulta particularmente importante para Honduras porque mantener disciplina fiscal, reservas internacionales y estabilidad financiera constituye una base indispensable, pero no suficiente. El siguiente paso debe ser elevar la productividad, mejorar las condiciones para la inversión privada, fortalecer el capital humano y eliminar aquellos obstáculos estructurales que limitan la capacidad de producir y generar empleo formal.
El mensaje transversal de estas conferencias me parece claro: acumular reservas, preservar la estabilidad monetaria y mantener la disciplina fiscal son logros importantes, pero constituyen medios y no fines. El resultado final debe reflejarse en mayor inversión, nuevas empresas, productividad, empleo formal y mejores ingresos para los hogares hondureños. El BCH hizo algo más que conmemorar su historia: abrió una conversación necesaria sobre el futuro económico del país.