Honduras necesita urgentemente una nueva política de financiamiento para el agro. Lo que no puede hacer es continuar colocando recursos públicos en una institución con problemas acumulados sin determinar primero, con absoluta transparencia, cuál es su verdadera situación financiera, administrativa y operativa.
BANADESA nació para cubrir una necesidad legítima: financiar pequeños y medianos productores que difícilmente acceden al crédito bancario tradicional. Sin embargo, durante décadas la institución ha sufrido interferencia política, deficiencias administrativas, alta morosidad, debilidad en los procesos de crédito, recuperación y garantías, así como insuficiencias en gobierno corporativo y gestión de riesgos.
Por eso, antes de hablar de nuevas capitalizaciones, debe entrar con toda firmeza la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS).
La supervisión bancaria no puede limitarse a recibir información, formular observaciones o esperar que los problemas se corrijan solos. Cuando existen señales de deterioro financiero, deficiencias administrativas o riesgos que pueden comprometer recursos públicos, corresponde utilizar oportunamente las facultades preventivas y correctivas que establece el marco legal.
BANADESA es propiedad del Estado, pero eso no lo exime de disciplina financiera. Al contrario: cuando los recursos en riesgo pertenecen finalmente a los hondureños, la obligación de supervisar debe ser todavía más rigurosa.
La CNBS debe determinar técnicamente la calidad real de la cartera, niveles y antigüedad de la mora, suficiencia de provisiones, valoración de garantías, patrimonio, concentración crediticia, recuperación, liquidez, controles internos, gobierno corporativo y gestión integral de riesgos. También debe establecer responsabilidades cuando encuentre operaciones que no hayan cumplido los procesos y normas correspondientes. Si las condiciones técnicas y legales lo ameritan, deben aplicarse oportunamente los mecanismos de regularización, saneamiento y demás medidas correctivas previstas por la legislación financiera. Postergar decisiones solamente aumenta las pérdidas y encarece posteriormente cualquier solución.
El interés del presidente de la República y del ministro de Agricultura en replantear el financiamiento agrícola, acompañado por la asistencia técnica del Banco Mundial, representa una oportunidad para romper definitivamente con el pasado. Pero el nuevo modelo debe construirse sobre información financiera confiable y después de resolver técnicamente la situación actual de BANADESA. Honduras puede desarrollar un sistema moderno que combine banca de segundo piso, fondos de garantía, seguros agrícolas, tasas preferenciales y participación de bancos, cooperativas y otras instituciones supervisadas.
El Estado debe facilitar el crédito al productor, pero no sustituir disciplina financiera por decisiones políticas.
La ecuación debe ser sencilla: primero supervisar, después sanear y finalmente transformar.
La CNBS debe actuar con independencia, firmeza y oportunidad. El Gobierno debe definir la política pública. El Banco Mundial puede aportar asistencia técnica. Y el financiamiento debe llegar al productor que verdaderamente trabaja y produce.
El agro necesita crédito. Lo que Honduras no puede continuar financiando son las consecuencias de la mala administración y la interferencia política.