El filósofo y maestro escocés Adam Smith publicó por estas fechas, hace 250 años, su obra An Inquire into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (“Una investigación acerca de la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”). Con esa publicación, se considera, fue fundada la Economía como ciencia. Eso ocurrió unos 13 años antes del estallido de la Revolución Francesa con la toma de la Bastilla, el martes 14 de julio de 1789. Europa, principalmente, transitaba el período de lucha por la decadencia del feudalismo y la emergencia del capitalismo. Francia, el país más poblado de Europa de entonces, vivía un año de malas cosechas y los grupos burgueses reclamaban poder político frente al régimen monárquico de Luis XVI.
“La riqueza de las naciones”, como se abrevia, partía de bases filosóficas, históricas y morales pero en realidad establecía nuevas categorías que ameritaban tratarse con una nueva ciencia social que inicialmente se denominó Economía Política, puesto que escudriñaba en los procesos de producción, comercio, distribución y consumo. Al mismo tiempo, describía la naturaleza de las interacciones entre oferta y demanda, es decir el mercado, que eran conceptos que iban mas allá de la Filosofía. En el mismo año de la publicación (1776), fue declarada la independencia de los Estados Unidos, aunque todavía se tuvo que solventar los intentos armados de la corona británica por detener a los rebeldes. La independencia definitiva se concretó el 3 de septiembre de 1783, precisamente con el Tratado de París. A Smith le debemos en gran parte el inicio del período de la Teoría Económica (1776 al presente) con autores procapitalistas y de otras orientaciones ideológicas. Surgió un amplio espectro de estudiosos de la economía que estuvo precedido por pensadores antiguos de los sabios griegos, la corriente escolástica (Tomás de Aquino y otros), la Escuela de Salamanca, también los preclásicos (W. Petty, D. Hume, J. Locke y otros) y, por supuesto, pasando por el Mercantilismo (Thomas Mun y J.B. Colbert) y, sin faltar la corriente de los Fisiócratas (encabezados por el médico F. Queznay).
Smith aportó significativamente a contrarrestar algunos planteamientos equivocados del Mercantilismo (siglos XV al XVII) que sostenía una visión arcaica sobre el comercio internacional tan solo pensando en el beneficio del país hegemónico en un juego de suma “cero” en el que el comercio implicaba fuerte intervención estatal en la que países superavitarios prevalecían sobre otros participantes deficitarios. Ese esquema implicó precisamente que los Estados impusieran protecciones arancelarias trabando la expansión comercial (similar al presente) que condujeron a conflictos armados. Junto a David Ricardo (que irrumpió años después), iluminaron con sus concepciones sobre las ventajas absolutas y comparativas y persuadieron a los gobiernos y empresarios de que el comercio internacional puede y debe ser un juego de suma positiva, donde todos los países pueden ganar dependiendo de sus recursos naturales, del grado de especialización de su fuerza de trabajo, su productividad, su progreso técnico y sus costos relativos.
Smith contribuyó a entender la división del trabajo y, sobre todo, a explicar la teoría del valor, tanto el de uso como el valor de cambio. Esto también fue ampliado por la agudeza de David Ricardo influyendo, incluso, en el agudo enfoque de Marx que, en muchos casos, solamente es factible entender estudiando a fondo a Ricardo. Smith y Ricardo defendieron la libre competencia pero, similar a Marx, vislumbraron los riesgos de injusticias y crisis capitalista.