Cartas al editor

Violencias estructurales

Johan Galtung, sociólogo y matemático noruego, define en sus investigaciones relacionadas a los estudios de la paz y el conflicto tres formas básicas en las cuales se produce la violencia: violencia directa, violencia cultural y violencia estructural, siendo esta última la más grave y difícil de erradicar.

La violencia estructural se definirá como aquella derivada del sistema político, social y económico, misma que dificulta o imposibilita la satisfacción de las necesidades del conjunto de la población. Este tipo de violencia se produce en todos los países, ciudades y localidades a nivel mundial. En la mayoría de las ocasiones pasa desapercibida debido a que es “invisible” ante los ojos de los ciudadanos.

Nuestra nación se rige por un modelo económico neoliberal, por ende, las violencias estructurales afloran continuamente y de muy diversas maneras. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2019), en Honduras de cada 100 hogares, 61 viven en condición de pobreza y de esos últimos, 39 en pobreza extrema. El país posee un índice de desarrollo humano “medio” colocado en la posición 132 de una lista conformada por 189 estados. Asimismo, el Banco Mundial lo cataloga como uno de los países más desiguales de la región y el mundo, contando con una clase media reducida que facilita las polaridades entre los que tienen un estilo de vida ostentoso y los que sortean innumerables dificultades cada día para poder sobrevivir. En ese sentido se estima que más de 1.5 millones de hondureños no tienen acceso a los servicios de salud, el sistema educativo posee el segundo peor rendimiento en América Latina y según datos oficiales del Consejo Nacional Anticorrupción, cada año se pierden 65 mil millones de lempiras a causa de la corrupción y los corruptos. Las cifras son escalofriantes, ciertamente desalentadoras.

No cabe duda de que las violencias estructurales orquestadas por los grupos de poder para su beneficio propio han apuñalado además de haber herido de muerte a nuestro país. La cultura de la denuncia, la visualización y la exigencia a los funcionarios estatales mediante acciones no violentas son el inicio de un largo trayecto para lograr la transformación de Honduras.