Muy pocas personas en el mundo le prestan atención a los sueños, y Alejandro, era uno de ellos, no solía soñar con frecuencia y las pocas veces que lo hacía en cuanto despertaba, lo olvidaba, pero esa semana estuvo soñando durante tres días seguidos y tuvo el mismo sueño, y eso hizo que no lo olvidara, a la siguiente semana ocurrió lo mismo, volvió a soñar un par de días aquel mismo sueño que esta vez no olvidó; era un hombre soltero, profesor de informática que alcanzaba los 30 años de edad.
Este ya llevaba un par de años trabajando en la mejor institución privada que impartía cursos de informática en su país, y hace algún tiempo estaba haciendo méritos para obtener ese ascenso, Alejandro, era muy bueno, los que inscribían un curso con él eran los que más aprendían en la academia, solo tenía un pequeño defecto, ¡pero vamos! ¿quién en esta vida es perfecto? El brillante profesor la mayoría del tiempo llegaba tarde a las clases, y era un poco despistado, pero como eran tan bueno nunca algún estudiante había reportado a su profesor, pasó el tiempo y llegaron nuevas inscripciones, Alejandro, por primera, llegó a obtener tres cursos distintos en un solo trimestre, y como estaba acostumbrado solamente a tener uno, siempre llegaba pasados cinco minutos a la primera clase, y las dos siguientes se convertían en una verdadera odisea para él, pues justo en ese nuevo trimestre habían mudado las oficinas al nuevo edificio y este era enorme, y Alejandro, como era, casi no lo conocía se le dificultaba mucho llegar a tiempo al segundo curso o simplemente a veces no alcanzaba a llegar al tercero, se desorientaba con facilidad después de salir de la primera clase, y fue así como al finalizar los cursos, y después de un récord intachable de cero faltas, obtuvo su primer reporte.
Después de salir de la oficina de los jefes, y absorto por las noticias recibidas se detuvo un momento a pensar, que dos semanas antes de comenzar el nuevo trimestre, soñó como se desorientaba después de terminar la primera clase, y como nunca tomó el tiempo para ir a conocer el nuevo edificio. (Cuento)