Cartas al editor

Vivimos en una sociedad donde se valora a la persona por su productividad y rentabilidad, incluso, para muchos teóricos, este hecho lo vinculan con la felicidad, que se representa paradójicamente con el estado del bien tener, para el bien consumir, para el bien gozar, para el bienestar.

Es indiscutible que el ser humano, para desenvolverse decentemente, está obligado a determinar y consumir objetos. Estamos frente a una cultura del tener, que provoca discriminación, resentimiento y exclusión, es urgente reivindicar la cultura del ser.

Debe existir en el imaginario popular hondureño que lo que hace valiosa a una persona no es la capacidad de consumir o de producir. Más allá de eso, es su propio ser, su mera naturaleza, la misma existencia, su unicidad.

Surge una interrogante fundamental, ¿la sociedad prepara a los niños para que sean consumidores o para que sean personas libres plenamente y responsables capaces de aportar sus talentos mejores a la sociedad? Desde la cultura del ser, el fundamento de la felicidad no radica en el consumir o en el producir para sobre administrar; radica en la donación de sí.

Este movimiento, paradójicamente, colma a la persona, porque a través de ella experimenta que su existencia no es estéril, que aporta valor a la sociedad. Hay que reconocer que somos parte de una sociedad individualista, consumista, egoísta, competitiva, donde hay una frenética carrera por la satisfacción individual.

Ahora, hay que preguntarse: ¿quiénes somos realmente?, ¿cómo hemos construido nuestra identidad? Nos toca despertar a una visión diferente del mundo, una nueva forma de experimentar la vida.

Sócrates afirmaba que para el ser humano no tiene sentido vivir una vida sin examinarla. La experiencia sin preguntas es una experiencia vacía. La capacidad de preguntarnos cosas nos lleva a un autoconocimiento más profundo y al conocimiento del otro. Por lo tanto, hay que hacer una pedagogía del ser, trabajar la atención, la percepción y poder descifrar todo lo que experimentamos. Así, tenemos vivir hacia dentro. Y para afuera.