Caminar por el Juana Laínez es un verdadero placer visual, sensorial y hasta espiritual. Debo reconocer lo bien trazado que está el sendero Luisa María para corredores y caminantes, así como el cuidado puesto en su diseño y en los materiales utilizados.
Se dividió en dos: una sección para bicicletas y otra para caminantes y corredores. También se pensó en las personas con discapacidad visual, al incorporar guías en el suelo y una baranda lateral.
La Fundación Ecológica de Tegucigalpa (FET), la Alcaldía Municipal del Distrito Central (AMDC), la Procuraduría General de la República (PGR) y las demás instituciones que han participado en su construcción y mantenimiento se han esmerado en hacerlo bien.
Y eso hay que reconocerlo. Estoy yendo por las mañanas. Procuro salir de mi casa entre las 6:30 y las 7:00 para evitar el tráfico y gozar de la frescura del inicio del día, antes de que suba el sol.
Ver cómo cambia la naturaleza al ritmo del clima de Tegucigalpa es participar, mes a mes, en la transformación de los árboles y arbustos: de secos e infecundos a verdes y floridos.
Es también ser testigo de la migración de pájaros y hasta de mariposas, como sucedió hace unas semanas con la Eunica monima, conocida como mariposa de ala violeta lúgubre.
Por primera vez la vimos invadir los espacios abiertos de la ciudad, volando en grandes grupos de un lado a otro; un fenómeno quizás detonado por las altas temperaturas y los cambios climáticos que estamos viviendo, como explicó Ricardo Meráz, de Miel Trigona, en una entrevista para El Heraldo.
¡Esta semana avisté un pájaro nuevo para mí! Era un cuco ardilla. Me sorprendieron sus movimientos saltarines de una rama a otra, su gran tamaño y su larga cola café, negra y blanca.
En una ciudad con tan pocos espacios naturales accesibles, el Juana Laínez ofrece a sus habitantes un respiro: un lugar para caminar, correr o llevar a los hijos pequeños a jugar en uno de los tres parquecitos a la vera del sendero.