Opinión

Buena acción gubernamental

Como después de 20 años de dilaciones, de maniobras, de fallidos intentos por revertir la decisión de la justicia internacional y hasta de crear controversias artificiales, es obvio que no existe la voluntad por parte de los salvadoreños para cumplir la sentencia de 1992 sobre el manejo trinacional del golfo de Fonseca, la decisión del gobierno hondureño de solicitar la ayuda del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas resulta muy positiva y necesaria.

Por supuesto, como ya lo han señalado los especialistas, no se trata de seguirle el juego a los vecinos y negociar lo que ya es nuestro. Se trata simplemente de agilizar el cumplimiento de una sentencia.

Y es que durante todo el tiempo transcurrido desde que la Corte Internacional de Justicia emitió su fallo el 11 de septiembre de 1992 con respecto al golfo de Fonseca y la plena soberanía hondureña sobre la isla Conejo, que proyecta el territorio marítimo catracho hacia el océano Pacífico, tanto los salvadoreños como los nicaragüenses –aliados contra Honduras en muchas ocasiones– se han negado a cumplir con la sentencia de La Haya que insta a un manejo conjunto del golfo.

Peor aun, El Salvador, que falló en su intento de pretender que la CIJ revisara su fallo favorable a Honduras sobre la isla Conejo, ha insistido en un asunto que ya tiene la categoría de cosa juzgada, incluso recientemente, que fue precisamente lo que llevó al gobierno del presidente Lobo a pedir la colaboración de Naciones Unidas.

En la práctica diaria se ha llegado a hostigar a los guardacostas hondureños por parte de El Salvador, mientras que los pescadores artesanales hondureños son víctimas constantes de la naval nicaragüense, que los captura en aguas catrachas y los obliga a pagar fuertes multas para devolverles los aperos.

Esto no puede seguir así indefinidamente. Por eso, el gobierno del presidente Lobo cuenta con el respaldo de los hondureños para encontrar una pronta y definitiva solución que permita a los pescadores y al país en general aprovechar mejor las riquezas del golfo de Fonseca y allanar el camino para una mejor relación con los vecinos.