Si la realidad nacional pudiera ser resumida por los titulares de los tres poderes del Estado y diéramos por ciertos los discursos pronunciados ayer en la inauguración del tercer período de sesiones de la actual legislatura, todo indicaría que vamos por buen camino, que estamos avanzando, que tenemos buenos gobernantes.
Según esos discursos, quienes hoy dirigen el Poder Judicial, el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo han cumplido en los dos últimos años con el papel que les corresponde en la construcción de una mejor Honduras.
Desafortunadamente, la realidad diaria que sufrimos los hondureños muestra todo lo contrario.
Y las cosas podrían dificultarse aún más para el buen gobierno, a partir de ahora, ya que la fiebre política se intensifica hasta el paroxismo al acercarse las próximas elecciones internas y las generales. Los ministros, los diputados y otros altos burócratas ya ven todo con los lentes de la conveniencia de su movimiento político o de su partido.
Aquí es donde, tanto el Presidente de la República, como los diputados independientes deben redoblar esfuerzos a fin de morigerar la acción de quienes impulsan candidaturas desde las cómodas alturas del poder.
En el caso particular del Congreso Nacional, donde por la propia naturaleza de su composición es el más politizado de los poderes del Estado, y siendo, además, su actual presidente, Juan Orlando Hernández, un aspirante a la candidatura presidencial nacionalista; el riesgo incluso de caer en la politiquería es aún mayor a partir de ahora.
Ojalá que eso no sea así y que al menos los asuntos torales para la hondureñidad -como inseguridad y desempleo- al momento de ser abordados en el Legislativo o el Ejecutivo se descontaminen de la politiquería; que no se trata de enredar más la urdimbre legal con más y más leyes o reformas constitucionales ni de tomar medidas creyendo que eso mejora la imagen del Presidente, de un ministro o de un candidato; mucho menos, de favorecer a los financistas de las campañas.
El actual gobierno -Casa Presidencial y Congreso Nacional- está a mitad de camino. Las cosas no se han hecho bien o, por lo menos, no han dado los resultados esperados. Pero eso sí: todavía hay tiempo de tomar decisiones honestas, concretas y efectivas que nos saquen de la profunda crisis en que nos tienen los malos gobernantes.