Opinión

Calamidad en Salud

Calamidad: Desgracia, infortunio que alcanza a muchas personas. Persona incapaz, inútil o molesta a la que todo le sale mal por torpeza o mala suerte, es una verdadera calamidad. “Hecho provocado por el humano que afecta negativamente la vida… desemboca en cambios permanentes en las sociedades… Evidencia la vulnerabilidad del equilibrio necesario para sobrevivir y prosperar”. Definición exacta de nuestras adversidades y calamitosos funcionarios.

Calamidad es nuestra Salud Pública, que como nunca fue desatendida por Zelaya, Micheletti y Lobo, dos liberales y un nacionalista, que nombraron ministros casi uno por año para hacer mayor daño. Politizaron el sistema manteniendo la corrupción siempre negada, nunca investigada y menos castigada. Escogen al conveniente, no al diligente. Los enfermos, pobres de solemnidad, siempre son los afectados porque su salud no cuenta para sus cuentas. Compras directas o licitadas trastocadas, contrataciones innecesarias sin respaldo y el maldito vicio de mentir a mansalva a empleados y al pueblo, que nadie salva.

Los enfermos renales, diabéticos, incapacitados, hipertensos, con esclerosis múltiple y los niños y adultos con cáncer no tienen medicamentos, les ofrecen y firman compromisos que incumplen con sobrada inmoralidad. Total, como respondió un “grande” cuando reclamé por medicamentos oncológicos para los niños, “no hay dinero y de todas maneras se van a morir”. Los listados de medicinas dan pena, si no fuera por el Comité de Apoyo esos menores morirían sin la ayuda del doctor. ¿No siente nada el gobernante y su ministro por su inocultable negligencia para administrar la sanidad pública? Por qué mejor no enmudecen y esconden su desvergüenza, que los hace más irresponsables ante un pueblo que por noble es marginado de todo bienestar físico, mental y social.

El señor que gobierna debe visitar las farmacias de los 28 hospitales públicos y demás centros de salud, para que reciba ese frío: “No hay”, que insulta la necesidad del paciente y lo condena a morir sin atención. Si a las carencias crónicas se agrega el incumplimiento de salarios a más de 600 médicos y los derechos adquiridos por jubilación y bonos, igual que a las sacrificadas enfermeras y otro personal de salud, la calamidad es tragedia. La sorna, poses soberbias y réplicas ofensivas no resuelven la incompetencia. La “maldita burocracia” con otra comisión evidencia incompetencia. Para mejorar su irrecuperable imagen el presidente gasta millones de lempiras insultando a la pobreza. Desconocer prioridades es calamidad.

Destituyó a quien denunció la corrupción “familiar”, que él aceptó al intervenir con una tripleta bien aleccionada con un novato, el que estaba en la pomada y un comodín para que no dijera nada en un informe que nunca se conoció porque llegó a la borrada de todo cuanto embarraba a delincuentes en la robada. Indigno el médico que se quita la bata y se ensarta el saco politiquero.

Causan pena y decepción los que, pudiendo no cumplen, que no se conduelen con el dolor ajeno y propician la calamidad de la Salud Pública. Que Dios los castigue.

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