¿Es Trump el Nixon moderno? La lucha por el alma de EE UU en tiempos de cambio

La década de 1960 fue un auge de idealismo y cambio, mientras hoy EE.UU. enfrenta una polarización que parece cerrar puertas a un futuro prometido

  • 13 de junio de 2025 a las 17:46
¿Es Trump el Nixon moderno? La lucha por el alma de EE UU en tiempos de cambio

Serge Schmemann / The New York Times

Muchos de quienes vivimos la década de 1960 nos sentimos tentados a buscar similitudes entre entonces y ahora. Vemos la aguda polarización de Estados Unidos, las ideologías en pugna, los Presidentes que abusan del poder, la sensación de que Estados Unidos está perdiendo su rumbo. Donde la mayoría silenciosa del Presidente Richard Nixon luchó contra los hippies y los “comunistas”, el MAGA del Presidente Donald Trump ataca la conciencia política y social y la izquierda radical. Donde los estudiantes cerraron los campus por Vietnam, hace un año se alzaron por Gaza.

Pero hay numerosas diferencias. Algunas son obvias: los avances revolucionarios de los últimos 60 años en tecnología y comunicación; la ausencia de una Guerra Fría que defina claramente las relaciones globales y una conscripción para amenazar a los jóvenes con morir en una jungla lejana.

Sin embargo, para mí la gran diferencia radica en el espíritu de la época, la sensación de que el cambio era posible entonces y la de que se están cerrando puertas hoy.

Estudiantes marchan en apoyo a los palestinos en septiembre en la Universidad de Georgetown.

Con toda su pasión y violencia, la década de 1960 fue una erupción de idealismo, una rebelión juvenil contra una guerra desacertada y el racismo y la misoginia que acechaban en los tranquilos suburbios y la prosperidad Hecho en EU de los años 50. Había una convicción en las canciones, las protestas e incluso las drogas alucinógenas de que el mundo podía mejorar.

Las protestas estudiantiles del año pasado contra la masacre en Gaza, en cambio, nunca generaron un movimiento más amplio y finalmente se desvanecieron. El impulso estaba con Trump y su campaña MAGA, y su objetivo era, en efecto, revertir los logros de la década de 1960 —desmantelar los derechos civiles, la tolerancia sexual, la protección al medio ambiente, el activismo universitario y todos los demás temas y valores agrupados bajo la bandera de la diversidad, la paridad y la inclusión (DEI).

El atractivo de Trump para una amplia franja de Estados Unidos es, por supuesto, más complejo que eso. La DEI a veces merecía las críticas; quienes votaron por Trump tenían algunas quejas válidas, y muchos de ellos no necesariamente apoyan sus ataques furiosos, personales y, a menudo, potencialmente ilegales contra diversos objetivos, incluyendo a los inmigrantes y la Universidad de Harvard. Pero el mensaje inequívoco de MAGA es que las fuerzas del cambio desatadas en los años 60 son antiamericanas y es necesario eliminarlas para restaurar el “verdadero” Estados Unidos —uno de valores cristianos, estudiantes respetuosos, orden público y anteojeras ante la discriminación racial, la desigualdad y otras imperfecciones.

La búsqueda de paralelismos entre entonces y ahora a menudo incluye la yuxtaposición de Trump y Nixon, el Presidente a menudo relegado en la memoria popular —injustamente, creo— a un símbolo de aquello contra lo que se alzaron los años 60. Hay similitudes tentadoras. El escándalo siguió a Nixon a lo largo de su trayectoria, como ha sido con Trump. Ambos volvieron a la primera línea de la política —Nixon hasta que fue derribado por Watergate. (“Él se fue. Yo no me voy. Gran diferencia”, es la opinión de Trump). Ambos se posicionaron como víctimas de las élites liberales y defensores de una mayoría silenciosa; ambos mantenían una lista de enemigos, con personas e instituciones que querían castigar.

Pero las diferencias son mucho mayores que las similitudes. Nixon asumió el cargo en enero de 1969. Sus predecesores, John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson, fueron mucho más responsables de las convulsiones de aquella época. El idealismo de “no preguntes qué puede hacer tu país por ti” y la Gran Sociedad ocurrieron bajo los mandatos de ellos, al igual que la tragedia de la guerra de Vietnam.

Trump, en cambio, define lo que sucede hoy. Los problemas de Estados Unidos y del mundo, ya sean las protestas en Gaza, la guerra en Ucrania o la inmigración descontrolada, pueden anteceder a su segundo mandato, pero la forma en que los ha incorporado a su amplio ataque contra las instituciones y los valores estadounidenses marca esta época con su sello.

Nixon nunca se acercó a nada parecido. Fue político de carrera, un hábil abogado y un jugador magistral en el tablero de ajedrez geopolítico. Tom Wicker, columnista del New York Times durante la era de Nixon, escribió en un estudio sobre la Presidencia de Nixon que Watergate eclipsó “los logros de un Presidente que a menudo respondió a las presiones de su época con conocimiento y habilidad, y a veces incluso con valentía —cualidades que el pueblo estadounidense aparentemente no encuentra en la mayoría de sus líderes hoy”.

No puede decirse lo mismo de Trump, un negociador con un aparente escaso conocimiento del Gobierno y la Constitución, que prioriza el instinto sobre la experiencia, no conoce la vergüenza ni la pena, ve los asuntos exteriores como un juego de suma cero en el que Estados Unidos es el tonto, y prioriza la adulación sobre la competencia. La era Trump aún está presente, por supuesto, así que cualquier comparación con épocas pasadas debe ser condicional.

Cualquier búsqueda del tiempo perdido, ya sean los años 60, 50 o cualquier otra época, es de dudoso valor. Cada época tiene sus propias peculiaridades, condiciones y modas, y la memoria tiende demasiado a idealizar lo bueno o a borrar lo malo como para ser un juez confiable. Pero si de algo sirve identificar las acciones disruptivas de la Administración Trump como la antítesis del movimiento por el cambio de hace 60 años, es para preguntarse cuál de los dos intentó realmente hacer grande a Estados Unidos.

Serge Schmemann, redactor de Opinión del Times, fue jefe de oficina en Moscú; Bonn, Alemania; Jerusalén; y las Naciones Unidas. Envíe sus comentarios a intelligence@nytimes.com.

© 2024 The New York Times Company

Únete a nuestro canal de WhatsApp

Infórmate sobre las noticias más destacadas de Honduras y el mundo.
Te gustó este artículo, compártelo
Candidato a alcalde de Honduras en lista de extradición a EE UU
Candidato a alcalde de Honduras en lista de extradición a EE UU
Keep WatchingNext video in 8 seconds
0 seconds of 10 secondsVolume 0%
Press shift question mark to access a list of keyboard shortcuts
Próximo
Heide Fulton ante la quema de la embajada de EE UU
05:04
00:00
00:10
00:10
 
Últimas Noticias