Poco después de que Michel Sidibe se convirtiera en el director ejecutivo del organismo de prevención del sida de Naciones Unidas, un tribunal en Senegal sentenció a nueve gais, todos educadores sobre sida, a ocho años de cárcel por “actos antinaturales”.
En una de sus primeras acciones como nuevo jefe de ONUSIDA, Sidibe voló a Senegal para pedirle al avejentado presidente Abdulaye Wade el perdón para los hombres.
Sidibe, el hijo de un político musulmán de Mali y una católica francesa blanca, preguntó al Presidente -quien está casado con una francesa blanca- si alguna vez fue víctima de discriminación.
“Oh, Sidibe, no tienes idea”, fue la respuesta. “Y por no casarme con una musulmana”.
“Entonces, tío”, dijo Sidibe, usando la forma africana para dirigirse correctamente a un hombre mayor, “¿por qué acepta que aquí se meta por ocho años a la cárcel a hombres solo porque son gais?”.
Wade pensó en ello y prometió llamar a su ministro de Justicia. Poco después, se retiraron los cargos.
Al preguntársele si su predecesor -el doctor Peter Piot, un belga y uno de los descubridores del virus Ébola- podría haber logrado los mismos resultados, Sidibe dijo: “Sin duda que habría sido más difícil. Se habría percibido muy automáticamente como ‘los blancos que nos vienen a moralizar de nuevo’. Dado que soy africano, puedo plantearlo en una forma menos polémica”.
Al preguntársele al respecto, Piot rió y concordó, y dijo que a veces pensaba que sus misiones africanas, como las del cantante de U2, Bono, “se sentían como si un economista tanzano júnior y Hugh Masekela llegaran a Washington a regañar al Congreso por su déficit presupuestario”, mientras este tenía que sonreírles y soportarlos porque necesitaba el dinero de Tanzania.
Sidibe, de 59 años, es exsocorrista, no un médico, y, además de inglés y francés, habla mandingo de África occidental, tamashek de los tuaregs y otros idiomas.
Con una combinación de cordialidad y persistencia, ha entregado mensajes difíciles a presidentes africanos en forma muy persuasiva en sus tres años en el cargo: convenza a sus hombres para que se hagan la circuncisión.
Dígales a sus chicas adolescentes que no se acuesten con hombres mayores por dinero. Haga a un lado su aprensión y hable de condones.
Ayude a las prostitutas en lugar de encarcelarlas. Pida a sus predicadores que dejen de criticar severamente a los homosexuales y ordene a sus fuerzas policiales que dejen de golpearlos. Permita que los científicos occidentales prueben nuevos fármacos y vacunas, a pesar de los rumores inevitables de que se usa a los africanos como conejillos de indias.