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Fuerza del yen es reforzada por brecha generacional

Al acelerar la ola de productos importados más baratos que entra a Japón, el fuerte yen está contribuyendo a la deflación, un descenso más extenso en los precios de bienes y servicios, lo cual ha contribuido a que los jubilados incrementen sus pensiones y ahorros.

11.08.2012

A medida que Japón ha cedido predominio en industrias que en otra época elevaron a esta nación a la grandeza económica, han abundado los señalamientos de culpabilidad. Un desastre nuclear que elevó los costos de la electricidad, la falta de espíritu emprendedor y la fuerza laboral de China, relativamente barata.

Pero, con frecuencia cada vez mayor, líderes empresariales destacan un problema que el gobierno, cuando menos parcialmente, tiene el poder de controlar: un fuerte yen que ha vuelto los productos japoneses, desde televisores hasta chips de memoria, prohibitivamente caros en el extranjero.

En un eco de un debate que ardió en Estados Unidos en los 80, el gobierno enfrenta cada vez más críticas por no hacer casi nada para contener al yen, pese a la alarma en el sentido que la divisa, en niveles históricamente altos, está asestando paralizantes golpes a lo que en otra época fue la importantísima maquinaria exportadora del país.

Una de las grandes razones, destacan analistas y algunos políticos, es simple, aunque generalmente no se menciona: un yen en altos niveles beneficia a la población anciana de Japón, que crece a grandes pasos, incluso si lastima a otras partes del país.

Al acelerar la ola de productos importados más baratos que entra a Japón, el fuerte yen está contribuyendo a la deflación, un descenso más extenso en los precios de bienes y servicios, lo cual ha contribuido a que los jubilados incrementen sus pensiones y ahorros.

La inacción resultante sobre el yen, con base en un número cada vez mayor de economistas y políticos, refleja una nueva realidad política, al tiempo que indecisos dirigentes aborrecen molestar a jubilados de la generación de posguerra que conforman más de un cuarto de la población y tienden a votar en altos porcentajes.

“La tolerancia de Japón hacia el fuerte yen y la deflación está arraigada en un choque generacional”, destacó Yutaka Harada, catedrático de ciencia política y economía en la Universidad Waseda de Tokio. “Y por ahora, los adultos mayores están ganando”.

Sin embargo, esa victoria viene con un alto precio, pues apresura el ahuecamiento de la base industrial de Japón a medida que las empresas siguen mudándose al extranjero, exacerbando el estancamiento económico de dos décadas de esta nación.

Estrategia

El gobierno divulgó la semana anterior el borrador final de una nueva estrategia económica que, arguye, contribuirá a romper lo que describió como un círculo vicioso de un fuerte yen y deflación.

Pero, aun cuando el muy esperado plan identifica el meollo del problema como la población entrada en años de Japón y su menguante fuerza exportadora, algunos analistas destacaron que el modesto enfoque del gobierno no logra arremeter sobre los intereses enquistados, incluidos los ancianos, que se han interpuesto por largo tiempo al cambio fundamental.

Japón puede ubicar el comienzo del ascenso más reciente del yen en el pánico económico a lo largo del mundo que empezó en Estados Unidos y se extendió a Europa.

Justo antes de los primeros sacudones de la crisis de la vivienda en Estados Unidos en 2007, el tipo de cambio se mantuvo en 123 yenes contra el dólar, ya que el Banco de Japón mantuvo las tasas de interés en bajos niveles para estimular el crecimiento, en tanto el dinero salía de Japón en busca de rendimientos mayores.

Tras el comienzo de la crisis, crecientes dudas con respecto a la firmeza de bancos estadounidenses y europeos y la capacidad de gobiernos para apoyarlos, la ola del dinero se revirtió. Japón, con su enorme colchón de seguridad de ahorradores internos, repentinamente se convirtió en un refugio para inversionistas, impulsando un alza del yen.