La sencillez e inteligencia son quizá las características que mejor definen a María José Saint Pierre Rivas, una hondureña que a sus 16 años alcanzó los máximos honores de toda su promoción en la Academia Real de Cadetes de Aviación en Canadá.
Sus botas brillan como el oro, pero un oro negro que solo la educación y la disciplina militar pueden descollar del cuero de sus botas.
Su postura militar, casi intachable, al caminar y sentarse tiene solamente un flanco: su madre, Sandra Rivas, que la toma en brazos y la besa para decirle que es el orgullo de su vida.
María José sonríe y la niña que es sale a la luz. Su fachada de cadete ha quedado en segundo plano. El amor de hija y ese no sé qué característico de la sangre catracha brota por sus ojos cuando su madre la flanquea y la derrota con ese abrazo y ese beso.
“Esta niña es mi orgullo y de mi familia”, dice Sandra Rivas, madre de María José, quien la acompañó durante la entrevista con EL HERALDO.
María José nació en esta ciudad en 1995, pero en el primer año de su vida su madre la trajo a vivir a Honduras porque no soportaba la inclemencia del invierno.
Cuando María José cumplió los seis años, su madre decidió llevarla de nuevo a Canadá.
En Honduras la menor estudió un par de años en el Liceo Franco Hondureño, ubicado en Tegucigalpa, donde cultivó las bases para aprender el francés.
Actualmente esta hondureña maneja a la perfección tres idiomas: español, inglés y francés.
Esta ciudad, Montreal, es una donde el inglés no es tan frecuente entre los ciudadanos.
Logros académicos
Actualmente esta catracha ha destacado por sus excelentes calificaciones como cadete de una escuela militar de aviación de Canadá, que es como una de las instituciones educativas previas antes de ingresar a la armada de esa nación.
María José obtuvo este año el primer lugar a la excelencia de toda su promoción, compuesta por 170 alumnos, mérito que le valió para agenciarse la medalla de oro por sus destacadas calificaciones.
En agosto próximo ingresará al onceavo grado (equivalente al segundo de bachillerato en Honduras).
“Quiero explorar las ciencias sociales un poco para ver si me decido a estudiar en la universidad militar o en la civil”, cuenta.
Sin embargo, aclara que su sueño desde pequeña era ingresar a la milicia canadiense, como su padre, pero ahora que está un poco más madura dice que este año será de vital importancia para ella porque experimentará en otras áreas y verá cuál es la rama que más le gustaría estudiar.
De ingresar a la armada de aviación canadiense, “yo podría llegar a ser piloto, eso me gustaría bastante, pero si no puedo entonces tendría que estudiar otra cosa como sicología o mecánica de aviación”.
Confiesa que en años anteriores había tenido dificultades en algunas asignaturas, especialmente matemáticas.
“Pero durante los últimos años me he esforzado aún más, he tratado más duro que antes y ahora tengo las mejores notas je, je, je”, dice con una modestia envidiable, muy poco usual en un hondureño.
“Nada como Honduras”
María José dice que lamenta haber dejado tantos amigos en Tegucigalpa, en especial a su prima Olimpia, que era su mejor amiga, “cuando pienso en Honduras me acuerdo de mi prima, me encanta ir a verla”.
Esta hondureña pasa algunas de sus vacaciones en Honduras, de donde, a pesar de todo, expresa los mejores conceptos.
Ella dice que “soy feliz en Canadá, pero no hay nada como Honduras, como la familia está allá, además aquí es diferente... estoy contenta, pero no hay nada como Honduras”.
Su madre y su primer lugar
Pero no solo María José ha obtenido el primer lugar de su promoción como excelente estudiante, pues su madre también es muy reconocida entre los compañeros de su hija, sobre todo por su talento en la cocina.
María José cuenta que “mis amigas canadienses siempre me están preguntando cosas de Honduras y cuando me vienen a visitar (a la casa) siempre le están pidiendo a mi mamá que les cocine enchiladas, tortillas, frijoles y sopa... ja, ja, ja... es que les encanta”.
Natalia Caisedo, colombiana, da fe de esas exigencias. “Nos gusta la comida hondureña”, dice esta compañera de promoción de María José.
Cuenta que lo más difícil como latinas “es el balancear las tres lenguas” que ellas obligatoriamente deben hablar, el francés, el inglés y por supuesto el español.
Sandra Rivas dice que ella ha hecho todo su esfuerzo para educar a su hija de la mejor manera porque “su padre está en África y yo le dedico poco tiempo porque trabajo como odontóloga, graduada de una universidad de Ontario, entonces ese es un reconocimiento adicional para mi hija porque el esfuerzo es casi solo de ella”.
Sobre las enchiladas que le “exigen” las compañeras de María José dice que “ellas adoran la forma en que cocino... lo que ellas no saben es que me cuesta conseguir los ingredientes ja, ja, ja”.