Es una de las procesiones más recientes en la ciudad de Danlí. El pago de promesas por favores divinos recibidos durante el año se cumple al llegar al Viernes Santo con la procesión del vía crucis y Santo Entierro, previo a la vigilia pascual.
Son 40 personas las que integran el grupo católico en la comunidad, denonimado Los Penitentes. Los integrantes son personas que tratan de vivir la experiencia del sacrificio de Jesús al recorrer las procesiones descalzas, con cadenas en los pies y con el rostro y manos cubiertas para mantener el anonimato.
El silencio absoluto forma parte de los requisitos y las obligaciones que deben cumplir los penitentes.
Rigoberto Rivera, coordinadora de la Fundación Solidaridad, explicó que la procesión de los penitentes representa un momento de comunión y reflexión.
El color del vestuario cambia de acuerdo con la procesión. El morado es utilizado durante el vía crucis. La vestimenta de color negro es empleada el viernes por la noche, cuando se celebra el Santo Entierro, y el blanco al celebrar la resurrección de Jesús antes de la vigilia pascual.
El grupo está conformado por hombres, mujeres y niños, quienes durante varios meses reciben preparación espiritual para cumplir el sacrificio.
“Más que fuerza física, los penitentes requieren fuerza espiritual para concluir el recorrido, ya que llevar su rostro cubierto, caminar descalzo y no poder hablar con nadie es una tarea que no todos los seres humanos podemos cumplir”, expresó el entrevistado.
Rivera mencionó que la mayoría de los penitentes ingresan al grupo por cumplir una promesa, pedir por salud y también por lavar sus culpas.
“Una persona que desea participar entre los penitentes debe cumplir con todo un proceso de trabajo espiritual, por lo que participan en charlas, retiros y reuniones de oración”, concluyó.
La celebración de la Semana Santa entre los fieles católicos representa además el preparar las imágenes que son utilizadas en las procesiones.
En Danlí, la persona delegada para realizar esta actividad en las últimas dos décadas ha sido doña Petrona Moncada, de 72 años.
La tradición de vestir las imágenes religiosas es una herencia que por más de seis décadas ha formado parte de su familia, ya que su abuela y madre también ejercieron esta labor.
La parroquia Inmaculada Concepción posee unas 10 imágenes, siete de ellas requieren cambio de vestuario durante la semana mayor.