Así fue: “Los nacimientos pasan de Italia a España gracias al rey Carlos III, quien habiéndolos visto en Nápoles, encarga a dos artesanos valencianos la copia de las figuras. Según registros llegaron a realizarse en ese encargo unas seiscientas piezas. Las figuras estaban primorosamente modeladas solo en la parte visible: cabeza, brazos, manos, piernas y pies. El cuerpo estaba relleno de fibras vegetales que conferían gran adaptabilidad para las distintas posiciones. Los vestidos se les confeccionaban, a veces, con bordados e hilos de oro para la Virgen y San José, y con tejidos más rústicos para los pastores”.
Cada diciembre lo recuerdo más y más. Mi madre bajando de algún clóset las cajas llenas de polvo y adornos del árbol de Navidad. Conexiones que ya no servían, figuritas quebradas, risas y anhelante felicidad.
El punto culminante lo constituía la caja más pequeña, la que contenía el pesebre de madera, el buey, el burro, los tres reyes, José, María y el niño Jesús. Estas figuritas nunca se quebraron.
Hoy es Navidad; un día muy especial. Ahora veo a mis hijos repetir la misma historia y me llena de orgullo volver a mis tradiciones, mis raíces.
Pero ahora ya no vivo en la misma casa de mi infancia ni en la misma ciudad. Queriendo indagar un poco más sobre otros nacimientos, le pedí a Jennifer Espinoza, una de mis mejores alumnas del Taller de Fotografía Comercial, que recorriera Tegucigalpa para capturar aquellos más concurridos. Jennifer no me decepcionó y me trajo imágenes que comparto con ustedes.
Pero, ¿cuándo y dónde comienzan a realizarse los nacimientos en el mundo? La tradición señala la Navidad del año de 1223 como el principio de todo. Una noche, mientras leía los testimonios de San Lucas, un señor llamado Giovanni Bernardone decidió representar la historia de José y María en el pesebre. ¿Lugar? Un sitio cercano a la ermita de Greccio, Italia.
Esa noche, Bernardone cantó el Evangelio y utilizó animales de verdad.
Giovanni Bernardone tuvo una idea feliz esa noche y pasó a la historia, no solo por esto sino también por todos los otros que realizó a lo largo de su vida. Pero ahora lo conocemos no como Geovanni, sino como San Francisco de Asís.
Según investigué, tres siglos después de esa primera representación, Carlos III de España ordenó la construcción de pesebres navideños en todos sus dominios europeos, costumbre que frailes y misioneros introdujeron en las posesiones de ultramar.
Así fue como llegó a América, en donde se ha convertido en una verdadera tradición latinoamericana.
En Honduras no existen registros oficiales sobre los nacimientos. Pero es fácil detectar en cada familia por los menos tres generaciones de antigüedad (así es, usted, sus papás y sus abuelos).
¿Será importante continuar con esta tradición? Para muchos pensamientos contrarios a la utilización de figuras materiales como objetos de devoción, la idea de estas representaciones no es nada correcta. Sin embargo, fuera de la esfera religiosa, es una tradición que nos identifica como hondureños y latinoamericanos. Algo que no cambia a pesar de que le recemos a quien le recemos.
Algo que nos hace sentir orgullo por la patria. Y en una época tan turbulenta y ausente de valores, los nacimientos o pesebres son parte de una solución que necesitamos. Una solución llamada paz. ¡Feliz Navidad!