Sótano
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Tegucigalpa, Honduras.-Durante meses, el exsecretario de Salud, José Manuel Matheu, guardó silencio sobre la polémica construcción de los hospitales de Ocotepeque, Salamá y Santa Bárbara. Sin embargo, EL HERALDO Plus conversó de forma exclusiva con el exfuncionario, quien aseguró haber sido el impulsor original del proyecto hospitalario dentro del gobierno de Xiomara Castro.
Matheu explicó cómo nació la idea, las negociaciones internacionales que —según afirmó— permitieron conseguir financiamiento y el proceso técnico detrás de los hospitales. También relató cómo dejó estructurado el proyecto antes de su salida del gobierno y cómo terminó posteriormente en manos de la Secretaría de Infraestructura y Transporte (SIT).
¿Cómo surge la idea del plan de hospitales?
La idea nace desde la necesidad de transformar el sistema de salud. Yo no llegué a improvisar, llegué con una visión clara: hospitales bien estructurados, con estándares internacionales.
Desde el inicio planteé que no era un solo hospital, sino un sistema. Ahí empiezan a definirse prioridades como Santa Bárbara, Salamá, Ocotepeque y los hospitales de trauma. Todo eso lo fui construyendo como un plan integral, no como ocurrencias aisladas.
¿Entonces, la iniciativa de construir hospitales nace de usted?
Eso quiero dejarlo claro porque ahora quieren vender la idea de que todo esto ya venía diseñado desde campaña y no es cierto. La construcción de hospitales no era una prioridad estructurada dentro del plan de gobierno de Libre (Libertad y Refundación) cuando nosotros llegamos. Esa visión nace de mí. Yo fui quien le planteó directamente a la presidenta Xiomara Castro que este gobierno podía hacer historia construyendo hospitales dignos para la gente pobre. A partir de ahí empecé a buscar financiamiento, formar equipos técnicos y trabajar con organismos internacionales, como España y el BID. No había proyectos listos, no había dinero asignado y no existía una estructura previa. Todo se construyó desde cero. Por eso me duele cuando hoy quieren hacer ver que esos hospitales aparecieron solos o que cualquiera podía impulsarlos. Detrás hubo años de trabajo técnico, planificación y una visión real de transformar la salud pública en Honduras.
¿Qué hospitales eran prioritarios para usted?
Los hospitales de trauma, Santa Bárbara, Roatán y después Ocotepeque. Cada uno tenía una lógica distinta. Por ejemplo, Roatán no era solo turismo: también había exigencias relacionadas con conectividad aérea y capacidad hospitalaria cercana. Ocotepeque era otra deuda histórica. Era una zona donde mucha gente terminaba buscando atención en Guatemala o El Salvador.
¿Cuál era su rol específico en ese diseño?
Yo fui el que empujó la idea, el que la estructuró y el que la defendió políticamente y técnicamente. No era un tema de “ver qué se hace”, era de calcular, planificar y buscar financiamiento. Se trabajó con estándares: camas hospitalarias, metros cuadrados por cama, niveles de complejidad del hospital, y costos internacionales por metro. Eso nos permitió definir cuánto se podía construir y cómo.
Tres
Hospitales
Se encuentran sin avances luego de que el TSC y el MP anunciaron que investigaban los contratos. Los proyectos se detuvieron desde entonces.
¿Cómo se financiaba el proyecto?
Se trabajó principalmente con cooperación internacional, especialmente con España y con apoyo técnico del Banco Interamericano de Desarrollo. La lógica era clara: España ponía fondos de cooperación, y el BID estructuraba y ejecutaba los procesos técnicos, licitaciones, diseño y supervisión. Eso daba transparencia y orden al proyecto.
¿Hubo cambios en el plan inicial?
Sí, hubo ajustes. En el camino se incorporaron otros hospitales y se modificaron prioridades. Eso es normal en proyectos grandes, pero también genera tensiones porque cada cambio implica más costos o redistribución del presupuesto.
¿Cómo vivió la relación con el gobierno durante este proceso?
Fue un proceso complejo. Hubo momentos de apoyo total y otros de desacuerdo sobre cómo manejar el financiamiento y las decisiones técnicas. En algún punto se decidió cambiar el esquema original, pasando de cooperación internacional a presupuesto nacional, y eso generó una ruptura en la lógica con la que venía trabajando el proyecto.
¿Se sintió desplazado del proyecto o del gobierno?
Yo sentí que el proyecto quedó en una situación distinta a la que lo habíamos planteado inicialmente. Había una estructura ya caminando, con cooperación internacional y equipos técnicos, pero luego hubo cambios de decisión. En lo personal, eso también marcó una separación de mi participación directa en el proceso. Yo seguía convencido de la ruta técnica, pero ya no estaba en el mismo espacio de decisión.
¿Qué le deja todo este proceso?
Me deja la satisfacción de haber estructurado un plan serio, con números, con lógica técnica y con visión de país. Los hospitales no eran un discurso, eran un diseño concreto. Y si algo lamento es que ese tipo de proyectos muchas veces se ven más desde la política.
¿Qué siente cuando mira hoy esos proyectos?
Siento que había una oportunidad histórica. Porque no era solo construir hospitales; era cambiar la manera en que Honduras pensaba su sistema sanitario y eso requería continuidad, disciplina técnica y decisiones de Estado, no solo decisiones políticas.